
Rubén “El Negro” Rada falleció ayer a los 83 años. Su partida física genera un impacto enorme en la escena artística al tratarse de una de las figuras fundamentales de la música popular rioplatense, pero queda una obra que durante más de seis décadas hizo mucho más que mezclar géneros: llevó la raíz afrodescendiente del Río de la Plata a lugares donde no podía entrar. Cantante, percusionista, compositor y un performer sin igual, Rada hizo convivir candombe, rock, funk, jazz, soul, murga y música popular sin pedirle permiso a ninguna etiqueta. Nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943, creció entre Palermo y Barrio Sur, en una familia atravesada por la música y por la tradición afrodescendiente. Su padre, Raúl Rada, era repiquetero de candombe. Su madre había llegado desde Brasil y cantaba en una escola de samba. Desde muy chico, los tambores formaron parte de su vida: con sus primos tocaba en la calle y, alrededor de los diez años, comenzó a salir con comparsas como Añoranzas Negras y Morenada.
En palabras del propio Rada:
“Yo soy candombe. Nací en el candombe. El tambor siempre estuvo en mi casa, es algo natural en mí”.
Su orgullo y conciencia negra lo llevaron en numerosas oportunidades a posicionarse y denunciar el racismo en sus obras, por ejemplo con el éxito Quién va a cantar del disco homónimo, donde sentenciaba: “Cuando el racismo no tenga parientes me sentiré orgulloso de la humanidad”. O en el tema Sudáfrica, canción antigua del álbum Montevideo (1996).
Hermanito blanco
No se olvide que
Yo tengo la sangre
Igualita a usted.
Hermanito blanco
Qué feliz seré
Cuando el hombre olvide
Su color de piel.
Que negros y blancos
Canten de una vezLa canción deseada
De la sensatez.
