Trabajo, empleo e ingresos: tres conceptos que ya no significan lo mismo

Hay discusiones que vienen gestándose desde hace tiempo, sin que seamos del todo conscientes de ellas, dentro del mundo del trabajo. Una de ellas aparece con frecuencia cuando hablamos de trabajo, empleo e ingresos como si fueran tres formas de nombrar una misma realidad. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que esos conceptos ya no coinciden como lo hicieron durante gran parte del siglo pasado.
Puede que por eso muchas discusiones actuales generan más confusión que claridad: intentamos responder preguntas nuevas con categorías construidas para describir un mundo que empezó a transformarse hace varias décadas. Comprender esa diferencia es un buen punto de partida.
El trabajo es, probablemente, una de las actividades más antiguas de la humanidad: toda acción mediante la cual las personas transforman su entorno, producen bienes, prestan servicios, cuidan a otros o generan valor para la sociedad. Existía mucho antes que las empresas, los contratos o los salarios. Es una capacidad humana antes que una categoría económica.
El empleo, en cambio, es una forma específica de organizar ese trabajo: supone una relación institucional entre quien realiza una actividad y quien la demanda, bajo determinadas reglas, derechos y obligaciones. Organiza parte del trabajo, pero no todo el trabajo adopta esa forma. Los ingresos son una tercera dimensión, distinta de las anteriores: son los recursos que permiten sostener la vida cotidiana, y pueden provenir del empleo, pero también del trabajo independiente, de emprendimientos, de rentas o de inversiones.
Durante buena parte del siglo XX, sin embargo, estas tres dimensiones tendieron a coincidir. El empleo asalariado se convirtió en la principal puerta de acceso a los ingresos y también en el espacio donde el trabajo encontraba reconocimiento social, protección jurídica y estabilidad. Esa coincidencia fue tan intensa que terminó moldeando nuestra forma de pensar: confundimos una circunstancia histórica con una identidad conceptual, y creímos que trabajar era tener un empleo, y que tener un empleo era la condición natural para obtener ingresos. Pero aquello no describía una verdad permanente. Describía el funcionamiento de un modelo de desarrollo particular, que hoy se transforma.
Esa coincidencia empieza a resquebrajarse, y lo hace en al menos tres direcciones distintas.
Existe trabajo sin empleo: buena parte de la economía del cuidado, los oficios independientes y las changas cotidianas sostienen actividades reales sin que medie ninguna relación laboral formal.
Existe también empleo con ingresos insuficientes para sostener adecuadamente la vida. Cada vez con mayor frecuencia, una persona puede mantener un vínculo laboral formal y, aun así, necesitar desarrollar otras actividades para complementar sus ingresos.
Pero hay una tercera combinación que merece atención particular, porque es la que menos se discute y probablemente la que más interpela: ingresos sin trabajo, al menos en el sentido clásico del término. Rentas financieras, ingresos derivados de la propiedad de activos o capital que genera rendimientos permiten obtener recursos económicos sin requerir, necesariamente, una actividad laboral directa. Esta forma de ingreso no es nueva, pero sí crece en peso relativo y plantea una pregunta incómoda: si el ingreso puede desprenderse por completo del esfuerzo que lo genera, ¿en qué queda entonces el vínculo entre trabajo y comunidad que durante tanto tiempo dimos por sentado?
Esta transformación tiene una consecuencia que suele pasar desapercibida: cuando confundimos trabajo, empleo e ingresos, también confundimos los problemas y, en consecuencia, las soluciones. Si creemos que el problema es la falta de trabajo, intentaremos crear empleo. Si creemos que el problema es el empleo, discutiremos modalidades de contratación. Pero si el problema real es el acceso a ingresos suficientes, ninguna de esas respuestas alcanza.
Los diagnósticos empiezan a fallar cuando las categorías dejan de describir correctamente la realidad que pretenden explicar.
Nombrar bien los problemas es la primera condición para poder resolverlos. Pero incluso nombrándolos con precisión, aparece una pregunta que ninguna categoría técnica alcanza a responder por sí sola: ¿todas las formas de acceder a un ingreso construyen, de la misma manera, el vínculo entre una persona y su comunidad?
Miguel Rojas
Profesor en Ciencia Política. Diplomado en Relaciones Laborales. Trabajador, militante.
Por redacción Noticias MDP. Fuente original: Trabajo, empleo e ingresos: tres conceptos que ya no significan lo mismo.
