“Nunca hay paz cuando estás lejos del hogar”, asegura Abdulmonem Hamed, un padre de cinco hijos entrevistado por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM).
Hamed viajó desde Jartum hasta Sudán del Sur luego de que la guerra estallara en Sudán en abril de 2023. “Nunca hay paz total cuando estás lejos del hogar”, repite. “Incluso por más que no tengamos qué comer, el hogar te da alivio”, explica.
Su hogar, como el de los casi 12 millones de desplazados internos y 4 millones en países vecinos debido al conflicto, ha sido arrebatado por el eco de las armas. Es una triste realidad que se recrudece casi a diario en la nación africana.
Este martes, 15 de abril, se cumplen dos años desde que inició la guerra sudanesa. Y, luego de 24 meses de brutalidad, la violencia se mantiene al día de hoy: el domingo 13 de abril el Ministerio de Salud confirmó que al menos 350 personas murieron en el país luego de tres días de combates.
Múltiples organizaciones de Derechos Humanos, junto con organismos internacionales, describen la guerra civil en Sudán como un conflicto contra los civiles, contra la propia humanidad.
A propósito de este segundo aniversario, Mirjana Spoljaric, presidenta del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), aseguró:
“Hemos sido testigos en dos años de una terrible tendencia a la deshumanización en los modos de librar esta guerra”.
«Dos años de ruinosa guerra civil han quedado grabados a fuego en las vidas de millones de sudaneses, un conflicto que se ha extendido a todo el país, atrapando a la población en una pesadilla de muerte y destrucción», subrayó Spoljaric.
Desde el 15 de abril de 2023, las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR, paramilitares) y las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS) han intercambiado intensos ataques en zonas densamente pobladas.
Según Médicos Sin Fronteras (MSF), las FAR y sus aliados han “desatado una campaña de brutalidad, que incluye violencia sexual sistemática, secuestros, asesinatos en masa, saqueo de ayuda y ocupación de instalaciones médicas”.
De igual forma, MSF informa que “ambos bandos han asediado ciudades, destruido infraestructuras vitales y bloqueado la ayuda humanitaria”.
Desde el inicio de la guerra en abril de 2023, la ONU ha confirmado la muerte de al menos 20.000 civiles en Sudán, aunque algunos expertos consideran que la cifra podría superar los 60.000.
La OIM ha descrito que la guerra en Sudán ha desencadenado en la actualidad “la mayor crisis de desplazamiento del mundo”.
Según los datos de esta organización asociada a las Naciones Unidas, el conflicto ha causado al menos 11,3 millones de desplazados internos y un total de 3,9 millones de personas han cruzado las fronteras del país africano hacia naciones vecinas desde el 15 de abril de 2023.
Por su parte, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) explica que las personas han huido a países como Egipto, Sudán del Sur, Chad, Libia, Etiopía, la República Centroafricana e incluso a Uganda.
Acnur asegura que cuando las personas llegan en búsqueda de refugio cuentan “haber sufrido violencia sexual sistemática y otras violaciones de Derechos Humanos, además de haber sido testigos de matanzas masivas”.
De igual forma, la respuesta internacional es precaria, por lo que la crisis se agudiza cada vez más. La agencia de la ONU asegura que “en estos momentos la financiación para la respuesta regional es inferior al 10% de lo necesario, lo que hace imposible cubrir las necesidades más básicas”.
¿La razón? “Los recientes recortes globales en la financiación humanitaria ponen en riesgo programas esenciales, obligando a los equipos a tomar decisiones imposibles y forzando a las personas refugiadas a recurrir a estrategias perjudiciales para tratar de sobrevivir”, añade la Acnur.
Según información de la ONU, más de 24,6 millones en todo Sudán -más de la mitad de su población- sufre altos niveles de inseguridad alimentaria aguda. Esa cifra incluye a 8,1 millones de personas en condiciones de emergencia y 638.000 en catástrofe o hambruna.
Médicos Sin Fronteras explica, con base en los mismos datos de Naciones Unidas, que en “ningún otro lugar del mundo la gente pasa hambre a esta escala”, mientras que la crisis alimentaria allí está lejos de detenerse.
A su vez, MSF asegura que la crisis de desnutrición se agudiza en parte por “la continua obstrucción de la ayuda por ambas partes beligerantes de Sudán y por la inoperatividad de la ONU y del sistema de ayuda en Darfur”.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más del 70% de los centros de salud azotados por la guerra están o cerrados o funcionando a medias.
Marta Cazorla, coordinadora de Emergencias de MSF en Sudán, asegura que “los brotes de sarampión, cólera y difteria se están extendiendo, impulsados por las malas condiciones de vida y la interrupción de las campañas de vacunación”.
Dichas crisis, según Cazorla, “reflejan no solo la brutalidad del conflicto, sino también las nefastas consecuencias del desmoronamiento del sistema público de salud y del fracaso de la respuesta humanitaria».
Un lamentable factor de esta crisis es la situación de las mujeres en embarazo, quienes, en ocasiones, “llegan desnutridas a los hospitales, lo que a menudo provoca partos prematuros y desnutrición”, según la organización humanitaria de origen francés.
