Alejandro Salaberry, el asesino que no pagó el crimen de un policía pero que igual murió preso
Por Fernando del Rio
La historia de Alejandro Salaberry llegó a su fin a los 45 años. Murió por una enfermedad oncológica mientras cumplía arresto domiciliario por unos hechos menores en comparación con el que lo convirtió en un asesino: el homicidio en el año 2003 del policía Christian Agusti y que nunca pagó por haber sido un fantasma huidizo que logró burlar el sistema judicial.
Salaberry falleció en el mediodía de este lunes y dejó atrás una historia criminal de las más trágicas de Mar del Palta. Durante 15 años fue buscado por ser uno de los miembros de la banda que intentó cometer un asalto en octubre de 2003, asalto que culminó con dos policías baleados, Agusti y su compañero de la DDI, Cristian Fournier.
Por ese asesinato, que conmocionó a la ciudad, a Salaberry se lo buscó, de la misma manera que a los demás delincuentes. Todos ellos fueron detenidos y condenados a prisión perpetua, pero Salaberry fue más astuto: cambió su identidad, se fue a vivir al conurbano y en julio de 2019 se apareció en el edificio de Tribunales de Mar del Plata.
—Soy Alejandro Salaberry —dijo, sabiendo que su crimen había prescripto.
La Justicia no tuvo más remedio que sobreseerlo, más allá de los intentos de la familia de Agusti para que fuera juzgado. Cuando LA CAPITAL publicó esa información, la noticia corrió a nivel nacional y en el partido de Merlo alguien reconoció su rostro, pero, extrañamente, no coincidía la identidad. Los medios hablaban de Salaberry y en Merlo lo conocían como Lucas Lamas. Entonces se inició una investigación que determinó que, en verdad, Salaberry había usado por años la identidad falsa de Lucas Lamas y bajo ese nombre había atacado con un machete a un vecino, había sido detenido, liberado y aguardaba el avance de ese expediente.
Salaberry volvió a desaparecer al saber que lo habían descubierto y el 11 de julio de 2021, con la identidad de un hermano, se fue a vacunar contra el covid en el Museo Mar. Su estado de salud era malo por padecer cáncer y esa figura más delgada no fue impedimento para que los policías de la DDI Mar del Plata (tenían el dato de que iba a concurrir) lo detuvieron por la causa de Merlo. Fue un momento de mucho simbolismo para esa dependencia policial porque Agusti pertenecía a ella cuando fue asesinado.
La policía rodea la casa de Salaberry en mayo de 2002. Luego empezarían los tiros.
El lunes 2 de mayo de 2022 la Cámara de Apelaciones determinó que la “cosa juzgada” había sido fraudulenta y decidió procesar a Salaberry por el crimen de Agusti. Por eso es que se dispuso un operativo para ir a buscarlo a su casa, pero Salaberry se atrincheró.
Desde el interior de la vivienda del barrio Pueyrredon, por primera vez, habló con los mismos periodistas de LA CAPITAL que venían siguiendo su caso desde hacía dos décadas. “Pido perdón a la familia de Christian, pero yo no soy culpable de su muerte”, dijo y luego aseguró que se iba a poner a derecho y entregarse.
Sin embargo, no cumplió con su palabra: se parapetó detrás de una puerta y empezó a disparar contra la policía. Finalmente pudo ser detenido.
Desde ese día permaneció preso, pese a que la Cámara de Casación desautorizó a la Cámara de Apelaciones e indicó que no podía juzgárselo por el caso Agusti. De todos modos, en abril de 2024 la Justicia lo condenó a 7 años y 6 meses de prisión por tirotear a la policía y por aquel incidente en Merlo, cuando intentó matar a un vecino.
En los últimos tiempos su salud había empeorado y se le había concedido un arresto domiciliario con atención sanitaria oncológica. Este lunes, murió.
Aquel asalto fatal
El día 27 de octubre de 2003 poco antes de las 17 una banda de peligrosos delincuentes cometió un robo contra la firma “Unicomp Computación”, de 20 de septiembre al 2900. Los asaltantes eran Claudio López, Fernando Palomino (que estaba con libertad asistida por su procesamiento en el crimen de la profesora Marcela Campana), Carlos Marcelo de los Santos y Alejandro Javier Salaberry.
Los dos primeros portaban armas de fuego de gran calibre. López una pistola Bersa modelo Thunder 9 milímetros y Palomino una pistola calibre 11.25 ó 45. Al cabo de algunos minutos, despojaron a los empleados de dinero y otros valores pero una de las víctimas logró llamar al 911 y de inmediato la novedad se difundió la frecuencia policial. A pocas cuadras de allí, sin uniforme y en un auto de la DDI no identificable, iban Agusti y su compañero Cristian Fournier (27), que no dudaron en acercarse al lugar.
Cuando ambos llegaron fueron recibidos a los tiros por los dos delincuentes que estaban de “campana”.
Christian Agusti.
Fournier logró identificar a Salaberry, a quien conocía de otras causas e investigaciones. Ambos empezaron a forcejear. Para entonces Agusti ya había recibido los tres tiros que le causarían la muerte inmediata. Antes de escapar, los delincuentes balearon a Fournier, quien sufrió dos heridas de arma de fuego.
López y Palomino fueron detenidos en los minutos siguientes, cuando una verdadera cacería se desplegó impulsada por la noticia de la muerte de Agusti.
Salaberry y De los Santos quedaron prófugos en ese mismo momento, ya que lograron escabullirse del macrocentro de la ciudad y seguramente se dirigieron hacia cualquier lado menos la zona suroeste, donde se les conocía su domicilio.
El 14 de noviembre de 2005 López y Palomino fueron condenados a prisión perpetua por el crimen de Agusti. Menos de un mes después Palomino recibió otros 20 años de pena de prisión por el asesinato de Marcela Campana.
Tanto Salaberry como Dos Santos fueron buscados con profundo esfuerzo, pero la historia criminal indica que siempre habrá un caso que reemplace a otro y un prófugo que se agregue a la lista. No cesó jamás la esperanza de ubicarlos y en 2012 se pudo dar con Dos Santos. Había vivido en Mendoza y en La Plata, pero finalmente lo hallaron trabajando de mozo en Capital Federal. Se hacía llamar Roberto Percia y también fue condenado a prisión perpetua.g
