Isabel Allende: “Yo no tengo más vida que la escritura”
Por Rocío Ibarlucía
Isabel Allende aparece en la pantalla desde el cuarto propio donde escribe todos los días. Disciplinada, apasionada, creativa, habla con naturalidad de ese oficio que para ella es, a la vez, brújula y refugio: la literatura. Con una obra prolífica y leída en todo el mundo, la autora chilena presenta ahora un libro que comparte ese universo propio, la cocina de su escritura.
“La palabra mágica. Una vida escrita” es el título de su más reciente lanzamiento, editado por Plaza & Janés y ya disponible en las librerías desde el 9 de abril. Ese mismo día fue presentado en una rueda de prensa virtual con periodistas de América Latina, España y Estados Unidos, de la cual también participó LA CAPITAL. Durante el encuentro, Allende reflexionó sobre el papel que ha tenido la escritura a lo largo de su vida.
En pocos minutos, lo deja en claro: “Yo no tengo más vida que la escritura. Esto es todo lo que hago. Me apasiona, ocupa todo mi tiempo y yo ya estoy en una edad en que no tengo que preocuparme de cuidar niños, de cuidar a mis padres, de hacer aseo. Lo único que hago es escribir, jugar con mis perros, amar a mi marido y eso es todo. Una vida muy simple”. Y, con humor, agregó: “No me podría jubilar porque creo que volvería locos a todos en mi familia. Les da terror cuando termino un libro. ¡Terror!”.
Esa entrega total a la escritura se traduce en una idea central del libro: la imposibilidad de separar vida y literatura. Por eso, afirmó: “Ahora, después de 45 años escribiendo, me cuesta separar lo que viví de lo que es imaginación, lo que me pertenece de lo que le pertenece a otros”.
“En Estados Unidos se está censurando lo que se enseña en las universidades y en los colegios. Están censurando la mitad de la historia de este país”
“Sin disciplina no llegas a nada”
El punto de partida de este libro fue una master class que Isabel grabó para la BBC. “Y yo me quedé pensando, vaya, les regalé a esta gente todo lo que he aprendido. Voy a aprovechar eso para escribir un manual –confesó en la presentación virtual–. Bueno, resultó que ellos lo escribieron. Entonces, ese material estaba perdido. Pero me quedé pensando en que hay una parte de la escritura que no es un manual y que es la creatividad. Es el proceso interno, emocional, instintivo”.
Ese desplazamiento de la técnica hacia lo íntimo es el corazón del libro. “Hay otra parte de la escritura, que es la parte más profunda y más íntima, que no la puedes enseñar. Que la tienes que cultivar”, subrayó.

Desde esa perspectiva, Allende vuelve en su libro sobre su propia biografía para pensarla en diálogo con la escritura: desde su relación con los libros en la infancia o desde la carta que escribió a su abuelo moribundo en 1981 que dio origen a “La casa de los espíritus”, pasando por la escritura como sostén tras la muerte de su hija Paula, hasta la actualidad. En ese recorrido, la disciplina siempre aparece como condición imprescindible. “Soy muy disciplinada porque este es mi trabajo, esta es mi vida. Entonces empiezo todos mis libros el 8 de enero y cada día, menos el domingo, yo me siento aquí desde temprano a escribir. Nada más tiene prioridad”.
Y lo sintetiza como una lección que también desarrolla en su libro: “Si lo que tú quieres es escribir o dedicarte a cualquier trabajo creativo, la inspiración y el talento están fantásticos, pero sin la disciplina no llegas a hacer nada”.
“Más mujeres que hombres leen y escriben ficción”
El libro también dedica un capítulo a la censura, la quema de libros, la persecución y la instalación del miedo durante la dictadura militar chilena. Consultada por las nuevas formas de prohibición en la ficción contemporánea, la autora denunció que en Estados Unidos “se está censurando lo que se enseña en las universidades y en los colegios. Están censurando la mitad de la historia de este país”, en especial “todo lo que tenga que ver con raza y con la lucha de los trabajadores”. Y añadió, con ironía: “Los míos, bueno, solo en ‘La casa de los espíritus’, están censurados en varios estados, lo que me parece un honor. Por algo lo censuran, ¿no?”.
A la vez, el libro pone el foco en la persistente marginación de las mujeres en el campo editorial. Allende reconoce avances, pero advierte que las desigualdades no han desaparecido. “La crítica es brutal con las mujeres”, aseveró.
Para explicarlo, recurrió a una comparación elocuente. “A una mujer la habrían tildado de sentimental, de mujercita” por escribir una novela como “El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez, “pero porque lo escribe un hombre, nadie piensa eso”, dijo. Y amplió: “Una mujer escribe una novela histórica en que está absolutamente investigada a fondo y tiene que competir con otras novelas históricas muy inferiores, pero escritas por hombres. La crítica es muy fuerte contra la mujer. Ahora yo creo que hay un poco más de respeto”.
En ese mismo sentido, trazó un mapa del presente literario: “En América Latina hay todo un boom de la literatura femenina. Pero aquí en Estados Unidos, más mujeres que hombres escriben ficción. Porque más mujeres que hombres leen ficción. Es muy interesante el proceso”. Sin embargo, ese crecimiento convive con prejuicios, especialmente hacia las autoras con gran alcance de público: “Respecto a que te acusen de vender mucho, a mí me parece que es una tremenda subestimación de los lectores. Decir que si esta gente lo quiere leer es porque no sirve para nada es medio ofensivo, ¿no te parece?”.
En esa línea, el libro también revisa críticamente el boom latinoamericano y reivindica el lugar de las mujeres en la literatura de la región. Su propia experiencia funciona como ejemplo: “‘La casa de los espíritus’ la escribí sin saber lo que estaba haciendo. Eso fue realmente algo dictado casi desde el más allá. Y nunca más he tenido esa inocencia para escribir porque entonces no tenía idea de lo que era la industria del libro”.
Ese ingreso al mundo literario –admite– implicó también el descubrimiento de sus desigualdades: “Nunca más volví a ser así porque ya me puse en contacto con ese mundo literario que es muy exigente y muy fregado en muchos aspectos, especialmente para una mujer en aquella época, con falta de respeto y competencia totalmente desleal con escritores masculinos que tenían menos disciplina y menos talento sin ninguna duda”.

Isabel Allende, durante la rueda de prensa virtual.
“Hoy yo no podría escribir una novela sobre Trump”
Aun así, Allende no renuncia al impulso que sostiene su obra: “Si no tuviera la ilusión de contar cada libro, no lo podría empezar”. Esa necesidad vital de narrar se conecta, además, con una ética de la escritura profundamente ligada a la realidad: “Por eso solamente puedo escribir sobre lo que me importa en el momento”, explicó, y ejemplificó con los temas que atraviesan sus novelas: inmigración, exilio, marginalidad. Isabel escribe sobre estos conflictos sociales “porque está en el aire. Porque mi fundación trabaja con eso. Porque conozco gente que está pasando por eso. Porque me importa. Si no me importara y no tuviera la ilusión, no podría escribir”.
Esa necesidad de escribir desde lo que la interpela en el presente se articula, además, con una mirada que rechaza el encierro en lo autobiográfico como fin en sí mismo. “Yo nunca me miro el ombligo. Yo no me estoy analizando. Estoy proyectada hacia afuera, hacia lo que está pasando. Y todo eso lo incorporo a lo que escribo y a mi manera de vivir. Hay una gran coherencia entre la forma en que pienso, que siento, que vivo y lo que escribo. Y la forma en que trabajo con mi fundación”, afirmó, subrayando una ética en la que literatura y compromiso aparecen íntimamente ligados.
Sin embargo, esa apertura al mundo no implica inmediatez absoluta. Para Allende, la escritura también requiere un tiempo de decantación que permita transformar la experiencia en relato. “Yo necesito la distancia del tiempo. Algo tiene que separarme de los hechos para poder escribir sobre ellos”, explicó, y volvió sobre el origen de su primera novela para ilustrarlo: “Escribí ‘La casa de los espíritus’ en 1982. Estábamos en plena dictadura en Chile. El golpe militar había ocurrido muchos años antes (en 1973). El exilio había ocurrido muchos años antes. Yo necesité tiempo sin saberlo en aquel momento para elaborar todo esto, para poder verlo con la distancia y la ironía necesarias para una novela”.
“La casa de los espíritus, la literatura nació del exilio, de la nostalgia, del deseo de recuperar lo perdido”
Esa misma lógica condiciona su relación con el presente: “Entonces, hoy yo no podría escribir una novela sobre Trump o sobre lo que está pasando en Estados Unidos. Puedo escribir sobre casos particulares. Puedo escribir sobre el caso de una niñita ciega que la separan en la frontera de su madre. Eso está ocurriendo hoy. Pero para la circunstancia mayor, la visión panorámica de lo que ocurre, se necesita distancia”. Y concluyó con una imagen contundente: “No se puede escribir desde el hoyo del huracán. Por lo menos yo no puedo”.
Escribir “página a página, tal como vivimos día a día”
En su nuevo libro, Allende desmenuza el proceso creativo: cuenta de dónde nacen las historias y cómo las alimenta con curiosidad, anécdotas de sus familiares, apuntes de sus sueños, mucha investigación y disciplina, así como explica cómo elegir la primera frase, sostener una estructura, encontrar una voz y construir personajes. Sin embargo, no se trata de un manual rígido, sino de una invitación a entrar en su universo creativo. Y cada capítulo se cierra con una serie de “Trucos de escritura” pensados para acompañar y perder el miedo a la hoja en blanco.
“Para perder el miedo hay que, creo yo, plantearse que uno no va a escribir la gran novela americana”, explicó Isabel en la conferencia. Frente a la parálisis que generan los proyectos desmesurados, propone avanzar “página a página, tal como vivimos la vida día a día”.
Incluso reconoce que el comienzo siempre es lo más difícil: “A mí lo que más me cuesta son las primeras dos, tres semanas de la escritura, porque tengo que quitarme de la cabeza esa ambición de hacer algo extraordinario”. En ese gesto de soltar la exigencia aparece la posibilidad de que la historia encuentre su forma: “Simplemente contar, esperar que los personajes se vayan manifestando, que el cuento se vaya abriendo como una flor”.
“Eso que llamamos realismo mágico, para ciertas personas es la religión, para otras es el horóscopo. Para mí es una manera de vivir en una multirrealidad”
Esa misma lógica se extiende al vínculo con la lectura, una preocupación de la autora, quien advierte un cambio de época que afecta especialmente a los más jóvenes: “La mayor parte de la gente joven hoy tiene miedo de la página, porque están acostumbrados a la pantalla, lo quieren todo resumido, todo visual”. Frente a eso, el propósito es claro: “quitarle el miedo a la gente, no solo el miedo a escribir, sino a leer”, y recuperar “esta cosa maravillosa que es que a uno le cuenten una historia”.
“La habitación propia está dentro de uno”
Pero si escribir exige decisión, también demanda condiciones concretas. En tiempos de distracción permanente a causa de los estímulos digitales, Allende reivindica la concentración como un espacio interior más que físico: “Se habla mucho de que hay que tener una habitación propia para escribir. Esa habitación está dentro de la cabeza. No es un lugar físico. Es un espacio dentro de uno, un espacio de silencio”.
Ese silencio, advierte, no es negociable: “Si tienes el teléfono al lado, estás pendiente de que hizo tic porque hay un mensaje, o estás pendiente de que los perros necesitan agua, no se puede”.
A esa disciplina se suma una rutina física rigurosa que organiza sus días: “Empiezo el día con ejercicio, una hora de gimnasio. Y después, ya me meto aquí a escribir y no veo las noticias hasta la tarde”. La decisión de aislarse del ruido informativo no es casual. “Si me pongo a ver el teléfono y veo todas las brutalidades que ha hecho Trump, se me arruinó el día. Prefiero que se me arruine la noche”, lanzó nuevamente otra crítica a la gestión del actual presidente estadounidense.
“La literatura es mágica”
En el fondo, todas estas prácticas apuntan a sostener una experiencia que Allende define en términos mágicos. “La literatura es mágica: armar una historia es un proceso misterioso, orgánico, instintivo”, dice en el libro, donde describe la escritura como una forma de trance: “Al escribir entro en la dimensión de los sueños, la intuición, las premoniciones; debo rendirme y dejar que los personajes hagan lo que tienen que hacer”.
En ese estado de concentración y soledad –“como un monje en su celda”– emergen voces e imágenes: “En el silencio de la escritura a veces me visitan espíritus –¿o serán las musas?–. Lo siento como un roce en la nuca. Al escribir me transformo en médium”. Esa entrega total se condensa en otra definición del libro: “La escritura para mí no es una opción, es una adicción”.
Consultada en la rueda de prensa sobre el lugar del realismo mágico en su obra y en su vida, Allende responde: “Mira, yo me crié en la casa de mis abuelos, donde mi abuela era clarividente, se decía. Hacía sesiones de espiritismo los jueves con otras tres señoras locas. Yo me crié con la idea de que existen muchas dimensiones de la realidad, que controlamos muy poco, que el mundo es muy misterioso, que todo puede pasar”, relató, y dejó en claro que esa percepción del mundo antecede a la escritura. No se trata, entonces, de un recurso narrativo, sino de una forma de habitar la realidad.
Isabel Allende.
“No veo fantasmas, pero me rodeo de presencias”
En ese universo ampliado conviven lo visible y lo invisible, lo vivo y lo muerto: “Yo no veo fantasmas, no soy particularmente supersticiosa, pero me rodeo de presencias. Esas presencias son de la gente que quiero que ya no está aquí”. La realidad y la imaginación también se entrelazan, al punto que “los personajes que son inventados tienen algo de alguien que he conocido, porque siempre me inspiro en alguien para los personajes. Entonces, eso también son presencias”.
De allí surge una definición que condensa su poética: “Eso que llamamos realismo mágico, para ciertas personas es la religión, para otras es el horóscopo, para otras lo que sea. Para mí es una manera de vivir en una multirrealidad, que no es solamente lo palpable”.
Hacia el final, la conversación se vuelve íntima y luminosa, como si toda su obra desembocara en una simple certeza: “Lo más importante que me ha pasado en la vida es el amor que he tenido. Y estoy en una etapa de mucho agradecimiento. Mira, voy a cumplir 84 años y tengo un hombre que me adora, que cree que soy preciosa e inteligente y todo lo demás. Tengo un hijo maravilloso, tengo perros. ¿Qué más?”.
Ver tráiler oficial de “La casa de los espíritus”, la serie que se podrá ver por Amazon Prime Video:
La serie ‘La casa de los espíritus’ “me pareció sensacional”
Unas semanas después de la publicación de “La palabra mágica. Una vida escrita”, el universo narrativo de Isabel Allende dará un nuevo salto: el 29 de abril, Amazon Prime Video estrenará a nivel mundial la serie basada en “La casa de los espíritus”, en lo que será la primera adaptación audiovisual en español de su novela más emblemática.
La autora ya tuvo un primer acercamiento a la producción, de la cual dijo: “Yo vi la serie, pero en una pantalla chiquita, con un letrero atravesado que dice Amazon Prime. Así que todavía no la he visto en la pantalla como se debe ver. Pero me pareció sensacional”.
Allende también comparó esta nueva versión con la película de 1995, marcada por las lógicas de la industria de entonces: “En aquella época, la gente no leía subtítulos. Para que tuviera éxito internacional tenía que ser en inglés y tener estrellas de Hollywood. Era una producción que se filmó en Europa con actores que no eran latinos, fuera de Antonio Banderas. Entonces no tenía el sabor latinoamericano del libro, pero era una buena película”.
La serie, en cambio, le permite recuperar ese sabor original: “Esto es muy diferente porque son ocho episodios, te permite contar la historia con calma, y además está hecha absolutamente latinoamericana, chilena, francamente”.
“Tengo una ilusión tremenda de que entretenga y de que le guste a la gente. Y si es posible, que atraiga a los jóvenes. No sé si es una historia que pueda hacerlo, espero que sí”, concluyó la autora.
