{"id":9690,"date":"2025-07-23T12:01:10","date_gmt":"2025-07-23T12:01:10","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=9690"},"modified":"2025-07-23T12:01:10","modified_gmt":"2025-07-23T12:01:10","slug":"itinerarios-de-lectura-la-inefable-logica-del-absurdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=9690","title":{"rendered":"Itinerarios de lectura: la inefable l\u00f3gica del absurdo"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><em><strong>Por Nomi Pendzik<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Ya resulta un lugar com\u00fan decir que<strong> a veces parece que la realidad hubiera sido guionada por Kafka. Cuando se nos muestra tan absurda, la mejor alternativa es tomarla con humor.<\/strong> Para eso, la literatura es mandada a hacer. <strong>Y en ese rubro, Fernando Sorrentino es el rey de nuestros narradores.<\/strong> Por algo le dieron el Premio Konex 1994 a la Literatura de humor, y en el extranjero se lo considera <strong>el Kafka argentino.<\/strong><\/p>\n<p>Uno de los recursos m\u00e1s sugestivos que se usan en ese tipo de textos es <strong>la hip\u00e9rbole<\/strong>, es decir, la exageraci\u00f3n. El diccionario de la RAE define a la hip\u00e9rbole, desde la Ret\u00f3rica, como \u201cFigura que consiste en aumentar o disminuir exageradamente aquello de que se trata\u201d. Francisco de Quevedo escribi\u00f3 un famoso ejemplo en un soneto que comienza, exageradamente, con el archifamoso \u201c\u00c9rase un hombre a una nariz pegado\u201d.<\/p>\n<p>En el cuento que les ofrezco hoy \u2014relato completo, cedido por una gentileza de mi amigo Fernando\u2014,<strong> f\u00edjense con qu\u00e9 maestr\u00eda trabaja Sorrentino ese recurso.<\/strong> Comienza creando una situaci\u00f3n simple y cotidiana \u2014o que al menos presenta la apariencia de lo simple y cotidiano\u2014. Co<strong>n una peque\u00f1a desviaci\u00f3n de la l\u00f3gica, la situaci\u00f3n resbala levemente hacia lo extravagante y lo ins\u00f3lito, y a partir de all\u00ed entra en una espiral cada vez m\u00e1s hiperb\u00f3lica que lleva a un universo m\u00e1s y m\u00e1s absurdo\u2026 y, al mismo tiempo, m\u00e1s y m\u00e1s cre\u00edble.<\/strong> Las situaciones son estramb\u00f3ticas \u2014unos vecinos demasiado obsequiosos, como en el cuento \u201cEn defensa propia\u201d, o un protagonista quiz\u00e1 muy tolerante, como en \u201cExiste un hombre que tiene la costumbre de pegarme con un paraguas en la cabeza\u201d, por citar s\u00f3lo dos ejemplos\u2014, pero la magistral pluma de Sorrentino las vuelve veros\u00edmiles: en ning\u00fan momento dudamos de su realidad. <strong>Adentrarse en su obra es conocer a una galer\u00eda de personajes estrafalarios y hasta queribles \u2014algunos, queribles por estrafalarios, como \u201cPiccirilli\u201d\u2014, que se saltan alegres las normas sociales y nos dan una visi\u00f3n del mundo fresca y original y corrosiva.<\/strong><\/p>\n<p>Convengamos en que no es f\u00e1cil escribir relatos humor\u00edsticos coherentes, que provoquen esa placentera hilaridad de los mundos imaginarios \u2014se suele decir que, cuando un texto humor\u00edstico no da risa, hace llorar\u2014. Y si, adem\u00e1s, cuando terminamos la lectura, nos hacen reflexionar sobre algunos aspectos de la naturaleza humana, resultan m\u00e1s dif\u00edciles todav\u00eda de encontrar. Por eso agradecemos tanto la literatura de ese formidable escritor que es Fernando Sorrentino.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<h4><strong>\u201cEl esp\u00edritu de emulaci\u00f3n\u201d de Fernando Sorrentino<\/strong><\/h4>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>[De Imperios y servidumbres, Barcelona, Seix Barral, 1972]<\/em><\/p>\n<p>Es bastante intenso el esp\u00edritu de emulaci\u00f3n que existe entre los habitantes del edificio de la calle Paraguay en que vivo.<\/p>\n<p>Es cierto que durante mucho tiempo todos ellos se limitaron a rivalizar en perros, gatos, canarios o loros. El m\u00e1s ex\u00f3tico de ellos nunca fue m\u00e1s all\u00e1 de las ardillitas o de una tortuga. Yo mismo ten\u00eda un hermoso perro de polic\u00eda, que era un poco m\u00e1s chico que el departamento y se llamaba Josecito. Pero, adem\u00e1s de Josecito \u2014y esto se ignoraba\u2014, viv\u00eda con mi mujer y conmigo una bella ara\u00f1a de la especie Lycosa pampeana.<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana, a las nueve, cuando le estaba dando de comer a mi mascota, el vecino del 7\u00ba C \u2014a quien ni siquiera hab\u00eda visto nunca\u2014 vino, no s\u00e9 por qu\u00e9 confusa raz\u00f3n, a pedirme el diario por un instante. Despu\u00e9s, sin atinar a irse, se qued\u00f3 un buen rato con el peri\u00f3dico en la mano. Contemplaba fascinado a Gertrudis, y en su mirada hab\u00eda algo que me hizo estremecer: era el esp\u00edritu de emulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente me llam\u00f3 para mostrarme el escorpi\u00f3n que acababa de comprar. En el pasillo, la mucama de los del 7\u00ba D sorprendi\u00f3 nuestro di\u00e1logo sobre la vida, los h\u00e1bitos y la alimentaci\u00f3n de ara\u00f1as, alacranes y garrapatas. Esa misma tarde sus patrones adquirieron un cangrejo.<\/p>\n<p>Luego, durante una semana, no hubo novedad alguna. Hasta una noche en que coincid\u00ed en el ascensor con una de las vecinas del tercer piso: una joven l\u00e1nguida, rubia y de mirada perdida. Llevaba un gran bolso amarillo cuyo cierre rel\u00e1mpago estaba parcialmente fallado: por una de las roturas se asomaba cada tanto la cabecita de un lagarto overo.<\/p>\n<p>Al mediod\u00eda siguiente, cuando regresaba del almac\u00e9n, por poco no se me caen las bolsas de la mano al toparme a boca de jarro con el oso hormiguero que bajaban de un cami\u00f3n con destino a la porter\u00eda. Uno de los tantos mirones que se hab\u00edan congregado murmur\u00f3 \u2014en voz lo suficientemente alta para ser o\u00edda\u2014 que un oso hormiguero no era, en realidad, un verdadero oso. La mujer del abogado tuvo un sobresalto y corri\u00f3, tr\u00e9mula, a refugiarse en su departamento: s\u00f3lo la vi reaparecer unos d\u00edas m\u00e1s tarde cuando, con desd\u00e9n y con la faz radiante, sali\u00f3 a firmar el recibo a los fleteros que acababan de traerle el oso pardo americano.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n ya se me hac\u00eda insostenible. Los vecinos me negaron el saludo, el carnicero ya no quiso fiarme, todos los d\u00edas recib\u00eda an\u00f3nimos insultantes. Al fin, cuando mi mujer me amenaz\u00f3 con la separaci\u00f3n, comprend\u00ed que no podr\u00eda sobrellevar un solo d\u00eda m\u00e1s una insignificante Lycosa pampeana. Desarroll\u00e9 entonces una actividad sin precedentes. Ped\u00ed dinero prestado a varios amigos, hice econom\u00edas indescriptibles, dej\u00e9 de fumar\u2026 As\u00ed pude comprar el leopardo m\u00e1s maravilloso que pueda concebirse. De inmediato, el del 7\u00ba C, que no me perd\u00eda pisada, pretendi\u00f3 abrumarme con un jaguar. Y, aunque parezca il\u00f3gico, lo consigui\u00f3.<\/p>\n<p>Lo que m\u00e1s me lastima es tratar con gente que carece de sensibilidad est\u00e9tica, gente que no percibe la cualidad, gente meramente cuantitativa. No hubo un solo vecino que se inclinase ante la superior belleza de mi leopardo; el mayor tama\u00f1o del jaguar les hab\u00eda cegado el entendimiento. En seguida, todos los vecinos, azuzados por el aire jactancioso del propietario del jaguar, se dieron a la tarea de renovar sus animales. Yo deb\u00ed reconocer que mi humilde leopardo ya no me proporcionaba el estatus de otrora.<\/p>\n<p>Ante sigilosas conversaciones que mi mujer sosten\u00eda por tel\u00e9fono con un caballero an\u00f3nimo, advert\u00ed que la disyuntiva era de hierro. Sin ning\u00fan remordimiento, vend\u00ed los muebles, la heladera, el lavarropas, la enceradora. Hasta vend\u00ed el televisor. Vend\u00ed, en fin, todo lo que se pod\u00eda vender y compr\u00e9 una descomunal boa anaconda.<\/p>\n<p>Es dura la vida del pobre: s\u00f3lo durante tres d\u00edas fui el h\u00e9roe del edificio.<\/p>\n<p>Mi anaconda rebas\u00f3 todos los diques, destruy\u00f3 toda mesura, ech\u00f3 por tierra las convenciones m\u00e1s respetables. En todos los departamentos fueron multiplic\u00e1ndose leones, tigres, gorilas, cocodrilos\u2026 Algunos hasta ten\u00edan panteras negras, esas panteras que ni siquiera posee el Jard\u00edn Zool\u00f3gico. La casa entera resonaba en rugidos, aullidos, parloteos. Pas\u00e1bamos las noches en vela, resultaba imposible dormir. Los olores entreverados de felinos, cuadrumanos, reptiles y rumiantes tornaban irrespirable la atm\u00f3sfera. Grandes camiones tra\u00edan toneladas de carne, de pescado, de vegetales. La vida en el edificio de la calle Paraguay se hizo un poco peligrosa.<\/p>\n<p>Fue una experiencia inquietante la que tuve cuando volv\u00ed, despu\u00e9s de tanto tiempo, a compartir el ascensor con la joven y l\u00e1nguida vecina del tercer piso, que ahora sacaba a su tigre de Bengala a dar una vuelta a la manzana para hacer pis. Record\u00e9 el lagarto que hab\u00eda asomado la cabecita por la abertura del cierre rel\u00e1mpago. Me enternec\u00ed. \u00a1Qu\u00e9 lejos hab\u00edan quedado aquellos primeros, dif\u00edciles y quijotescos tiempos de los escorpiones y de los cangrejos!<\/p>\n<p>Finalmente lleg\u00f3 un momento en que no se pudo confiar en nadie. El portero, ante la tensa mirada de varios copropietarios, lav\u00f3 en la vereda con agua y jab\u00f3n a su rinoceronte de dos cuernos, y luego \u2014como si all\u00ed no hubiera pasado nada\u2014 lo hizo penetrar en su departamento. Esto era m\u00e1s de lo que estaba acostumbrado a soportar el del 5\u00ba A: unas horas m\u00e1s tarde subi\u00f3 triunfalmente las escaleras llevando de la brida a su hipop\u00f3tamo.<\/p>\n<p>El edificio se halla ahora inundado y semidestruido. Me encuentro redactando este informe en la azotea, en condiciones desfavorables. Cada tanto me sobresaltan los pla\u00f1ideros barritos del elefante que vive con los del 7\u00ba A. Escribo con el reloj a la vista, pues, a intervalos de ocho minutos, debo guarecerme entre las ruinas de la escalera para que no estropee estas p\u00e1ginas el chorro de vapor que lanza la ballena azul del 7\u00ba C. Y escribo con cierta inquietud, estando, como estoy, bajo la suplicante mirada de la jirafa del 7\u00ba D, que, asomando la cabeza por sobre la tapia, no cesa ni por un segundo de pedirme galletitas.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por Nomi Pendzik Ya resulta un lugar com\u00fan decir que a veces parece que la realidad hubiera sido guionada por Kafka. Cuando se nos muestra tan absurda, la mejor alternativa es tomarla con humor. Para eso, la literatura es mandada a hacer. Y en ese rubro, Fernando Sorrentino es el rey de nuestros narradores. Por [\u2026]<\/div>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","fifu_image_url":"","fifu_image_alt":"","footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-9690","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sociedad"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9690","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9690"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9690\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9690"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9690"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9690"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}