{"id":7968,"date":"2025-06-11T12:03:27","date_gmt":"2025-06-11T12:03:27","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=7968"},"modified":"2025-06-11T12:03:27","modified_gmt":"2025-06-11T12:03:27","slug":"itinerarios-de-lectura-avatares-del-crecer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=7968","title":{"rendered":"Itinerarios de lectura: avatares del crecer"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><em><strong>Por Nomi Pendzik<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Un chico que sufre la habitual desorientaci\u00f3n de la adolescencia. Un padre que compite con su hijo y goza haci\u00e9ndolo sufrir. Una madre que cifraba todo el sentido de su vida en su militancia antinatalista, y no encuentra otra opci\u00f3n que aceptar su maternidad pr\u00e1cticamente ignorando a su hijo. El t\u00edo triunfador y complaciente, las hermosas primas gemelas, y una casa litorale\u00f1a para pasar los veranos en medio de esa familia horrorosa completan el marco de esta historia perge\u00f1ada por el narrador argentino <strong>Pablo Laborde.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Novela intimista, reflexiva \u2013y muy cr\u00edtica de ciertos intelectuales de clase media, revolucionarios de caf\u00e9\u2013, \u201cBic\u00e9fala\u201d (Buenos Aires, B\u00e4renhaus, 2024) recorre un periodo que va desde el fin de la infancia hasta el presente del protagonista, que revisa su vida desde su \u00e1rida adultez.<\/strong> Una escritura introspectiva y firme, con acertados toques de humor y de poes\u00eda, va tejiendo la trama y llevando al lector hacia las m\u00e1s insoportables honduras del alma.<\/p>\n<p><strong>El fragmento que les propongo ahora de esta novela me cautiv\u00f3 porque plantea con amorosa crudeza todas las tiernas taras de la adolescencia<\/strong>: la inseguridad, la verg\u00fcenza, el titubeante y \u00e1vido despertar sexual, la necesidad de ser visto y aceptado. Y narra, sin atenuantes, todas las risibles triqui\u00f1uelas de que se vale el protagonista para procurar sus objetivos. L\u00e9anlo con una sonrisa de misericordiosa nostalgia, por favor. Y despu\u00e9s busquen \u201cBic\u00e9fala\u201d, y vean qu\u00e9 otras sorpresas les depara.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<h4><strong>\u201cBic\u00e9fala\u201d de Pablo Laborde<\/strong><\/h4>\n<p>Cap\u00edtulo \u201cTodo fuera del amor\u201d (fragmento)<\/p>\n<p>Por esos tiempos, hab\u00eda empezado a gustar de Alejandra, una compa\u00f1era de divisi\u00f3n que me demostraba un moderado inter\u00e9s, aunque yo descontara que \u2013conjeturando mi virginidad\u2013 ella nunca se fijar\u00eda en m\u00ed. Para tratar de contrarrestarlo, empec\u00e9 a deslizar dentro del grupo indirectas sobre \u201cdeterminada experiencia\u201d que yo habr\u00eda adquirido en los meses de verano. Frente a algunas compa\u00f1eras que ten\u00edan v\u00ednculo con Alejandra, yo insinuaba haber conocido la lujuria. Mostraba suficiencia respecto de lo sexual, y cuando alguien en el aula hac\u00eda un comentario subido de tono, yo esbozaba una sabia media sonrisa y mascullaba alguna frase inconclusa que diera pauta de mi sapiencia carnal. Mis veranos en el campo eran la mejor coartada: nadie sab\u00eda lo que all\u00ed ocurr\u00eda. Que, por supuesto, era nada.<br \/>\nA partir de mis f\u00e1bulas, al cabo de unas semanas, fui trepando el escalaf\u00f3n de popularidad, al punto que algunos de mis compa\u00f1eros \u2013los m\u00e1s adormecidos\u2013 empezaron a pedirme consejo sobre chicas y cuestiones \u00edntimas. Por aquel entonces, descubr\u00ed que pod\u00eda ser un gran simulador. Era hijo de mi padre, despu\u00e9s de todo.<br \/>\nDebi\u00f3 pasar mucho tiempo hasta que pude recuperarme de lo de Cintia, as\u00ed que ahora me hab\u00eda propuesto ser cauteloso. Hab\u00eda aprendido que nada es peor que quedarse paralizado, y estaba dispuesto a intentar con todas mis fuerzas vencer el miedo. Me pas\u00e9 d\u00edas juntando valor, y una vez que tuve en mi poder todo el coraje que fui capaz de acumular, me le declar\u00e9 a Alejandra en un recreo.<br \/>\nNo emit\u00ed m\u00e1s que una retah\u00edla de monos\u00edlabos inentendibles, la sucinta expresi\u00f3n que los nervios me permitieron. As\u00ed y todo, el \u201cquer\u00e9s salir conmigo\u201d son\u00f3 bastante claro.<br \/>\nElla primero lo tom\u00f3 en broma, mir\u00e1ndome con una sonrisa a medio camino entre la sorpresa y la misericordia, pero enseguida comprendi\u00f3 \u2013a pesar de, o quiz\u00e1 por\u2013 mi manifiesta exaltaci\u00f3n, que yo hablaba en serio. Se qued\u00f3 mir\u00e1ndome at\u00f3nita mientras yo me derret\u00eda como una vela barata. La campana la salv\u00f3, y mientras regres\u00e1bamos al aula, ligeramente desliz\u00f3 que necesitaba pensarlo.<br \/>\nNo pod\u00eda creerlo: lo hab\u00eda hecho. \u00a1Hab\u00eda encarado a Alejandra! \u00a1Y ella no hab\u00eda dicho que no! Exultante, me sent\u00e9 en mi pupitre a paladear la victoria: ella s\u00f3lo quer\u00eda pensarlo. Parec\u00eda razonable, algo tan importante deb\u00eda ser meditado, ser\u00edamos novios despu\u00e9s de todo. Incluso, si jugara bien mis fichas, hasta podr\u00eda aventurar la posibilidad de un debut sexual. No ahora, claro, pero qui\u00e9n sabe m\u00e1s adelante. Todo era demasiado bueno para ser cierto, y el caudal de adrenalina que flu\u00eda por mi sistema podr\u00eda haber resucitado una momia putrefacta hasta convertirla en un zombi locamente enamorado.<br \/>\nEse s\u00e1bado pr\u00f3ximo ser\u00eda la fiesta de quince de Nora, una de mi grupito de pertenencia, y sab\u00eda que era la oportunidad justa para reclamar mi respuesta. Estaba dispuesto a corregir los errores del pasado. Hab\u00eda entrado en una inercia positiva, y en ese impulso se me ocurri\u00f3 una idea \u201cgenial\u201d para complementar lo logrado hasta el momento: sab\u00eda de una galer\u00eda en la avenida Entre R\u00edos, cerca del Congreso, en que hac\u00edan tatuajes y pon\u00edan aritos a menores, sin pedir autorizaci\u00f3n de los padres. Mi jugada maestra consist\u00eda en tatuarme chiquitito Alejandra en el pectoral izquierdo, donde cre\u00eda que se alojaba el coraz\u00f3n. Estaba seguro de que ella caer\u00eda rendida a mis pies. Y as\u00ed lo hice. Me tatuaron en un s\u00f3tano mugroso de esa galer\u00eda, sin los m\u00ednimos recaudos de higiene (cosa que ni contemplaba en aquel tiempo en que el tatuaje era cuesti\u00f3n de presidiarios). Sal\u00ed de all\u00ed dolorido pero exultante, y si bien me recomendaron que no me sacara el vendaje por una semana, estaba dispuesto a apurar el proceso para impresionar a Alejandra. Porque, qu\u00e9 es un tatuaje si no un grito desesperado, una declamaci\u00f3n expl\u00edcita, la apremiante b\u00fasqueda de atenci\u00f3n a un precio relativamente barato.<br \/>\nEl s\u00e1bado me ocup\u00e9 de que mi vestuario fuera el adecuado. Las reglas del sal\u00f3n obligaban al traje y la corbata, y eso reduc\u00eda opciones, mas no problemas: yo no ten\u00eda ni traje ni corbata. Termin\u00e9 usando un ambo cruzado que a mi padre ya no le entraba. A m\u00ed me quedaba enorme: las botamangas anchas y las hombreras puntiagudas me daban el aspecto de un desnutrido botones de hotel kazajo. Pero no ten\u00eda alternativas, y me obligu\u00e9 a encontrar estilo en ese adefesio.<br \/>\nEsta vez no me lav\u00e9 con el jab\u00f3n antiacn\u00e9, ni us\u00e9 varias dosis de champ\u00fa. De hecho, entr\u00e9 a la ducha con la gorra de ba\u00f1o de mi madre para no alterar la \u201conda capilar casual\u201d, obtenida gracias a la mugre y la crasitud. Para inflar un poco el cuerpo y tratar de llenar el traje, debajo de la camisa me puse el buzo de gimnasia: el sofoco por la temperatura estival me preocupaba menos que verme fr\u00e1gil. Encontr\u00e9 en una c\u00f3moda una corbata estilo ingl\u00e9s parecida a la que us\u00f3 Lord Brett Sinclair en un cap\u00edtulo de mi serie predilecta. Lacr\u00e9 el atuendo con botas salte\u00f1as de gamuza. Sonr\u00edo al evocar aquel vestuario grotesco.<br \/>\nCuando mi madre me vio, chist\u00f3, neg\u00f3 con la cabeza, y se alej\u00f3 murmurando. Pero yo me sent\u00eda m\u00e1s seguro que un a\u00f1o atr\u00e1s. Ignorando su descr\u00e9dito, part\u00ed rumbo al cumple de quince de Nora en el Hotel Claridge.<br \/>\nNos encontramos cuatro de nosotros en la puerta del colegio para ir juntos en un taxi, yo adelante, con el reloj del tax\u00edmetro clav\u00e1ndoseme en la frente granosa.<br \/>\nYa en el sal\u00f3n, me mantuve cerca de mis amigos, apostados al lado de una ponchera, fingiendo necesitarla m\u00e1s que al aire, en esa sobreactuaci\u00f3n que hace el adolescente de su necesidad de alcohol, como para mostrarse fuerte y adulto. A no muchos metros, junto a media docena de chicas del colegio, Alejandra brillaba.<br \/>\nCuando empez\u00f3 el vals, todos se abalanzaron a la pista. A m\u00ed me daba verg\u00fcenza bailar, pero consider\u00e9 necesario mostrar algo de arrojo, y me puse en la fila para sacar a la cumplea\u00f1era. Era momento de ver de qu\u00e9 estaba hecho.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por Nomi Pendzik Un chico que sufre la habitual desorientaci\u00f3n de la adolescencia. Un padre que compite con su hijo y goza haci\u00e9ndolo sufrir. Una madre que cifraba todo el sentido de su vida en su militancia antinatalista, y no encuentra otra opci\u00f3n que aceptar su maternidad pr\u00e1cticamente ignorando a su hijo. 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