{"id":15819,"date":"2026-03-04T12:00:50","date_gmt":"2026-03-04T12:00:50","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=15819"},"modified":"2026-03-04T12:00:50","modified_gmt":"2026-03-04T12:00:50","slug":"la-casa-de-las-bellas-durmientes-un-clasico-japones-en-la-mirada-de-miguel-sardegna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=15819","title":{"rendered":"\u201cLa casa de las bellas durmientes\u201d: un cl\u00e1sico\u00a0japon\u00e9s en la mirada de Miguel Sardegna"},"content":{"rendered":"<div>\n<p>Cuando <strong>Yasunari Kawabata<\/strong> recibi\u00f3 el Premio Nobel de Literatura en 1968, se convirti\u00f3 en el primer autor japon\u00e9s en obtener esa distinci\u00f3n y en el faro de una generaci\u00f3n decisiva para la literatura del siglo XX. Entre sus textos m\u00e1s inquietantes, <strong><em>La casa de las bellas durmientes<\/em><\/strong>\u00a0ocupa un lugar singular. Narra la historia del viejo Eguchi, que acude a una posada secreta donde ancianos pagan por dormir junto a j\u00f3venes narcotizadas sin poder tocarlas. A partir de esta trama, despliega una reflexi\u00f3n \u2013delicada y a la vez perturbadora\u2013 sobre la belleza, la soledad y el paso del tiempo.<\/p>\n<p><strong>Para la edici\u00f3n 2024 de Seix Barral, Miguel Sardegna<\/strong> \u2013escritor, abogado y profundo conocedor de la obra de Kawabata que lo llev\u00f3 a escribir la novela <em>Los a\u00f1os tristes de Kawabata<\/em> (2020)\u2013 <strong>escribi\u00f3\u00a0un pr\u00f3logo que se adentra en ese territorio ambiguo donde lo real y lo on\u00edrico se confunden.<\/strong><\/p>\n<p>Publicada originalmente por entregas entre 1960 y 1961, la novela dialoga con escritores de otras latitudes, como Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, quien reconoci\u00f3 su influencia en la escritura de <em>Memoria de mis putas tristes<\/em> y <em>El avi\u00f3n de la bella durmiente.<\/em><\/p>\n<p>A continuaci\u00f3n, el pr\u00f3logo a <em>La casa de las bellas durmientes<\/em> escrito por Miguel Sardegna:<\/p>\n<p><strong>\u00abTodo sucede en Kioto<\/strong>, aunque la novela evita dar mayores precisiones. La posada de las bellas durmientes es un aut\u00e9ntico misterio. Su fachada no exhibe letreros, ning\u00fan cartel identificador. Probablemente porque su secreto no lo permite. <strong>Los ancianos van a pasar la noche con muchachas j\u00f3venes y v\u00edrgenes, dormidas bajo los efectos de un narc\u00f3tico potente.<\/strong><\/p>\n<p>Hay una prohibici\u00f3n en esta posada de placeres extra\u00f1os: no se puede hacer nada de mal gusto. Por ejemplo, no se debe poner el dedo en la boca de la muchacha dormida, no importa que no se vaya a dar cuenta de nada. <strong>El cuerpo en la obra de Kawabata siempre es un signo abierto a m\u00faltiples sentidos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El viejo Eguchi concurre a la posada por primera vez<\/strong>, as\u00ed comienza <em>La casa de las bellas durmientes<\/em>. Despu\u00e9s habr\u00e1 otras noches y otras j\u00f3venes durmientes. Pero esa primera vez, cuando la anfitriona termina de establecer las reglas y lo conduce a su habitaci\u00f3n, Kawabata introduce un enigma. Se trata de un pasaje que quiz\u00e1 proporcione la clave para entender ese <strong>delicado vaiv\u00e9n con el que juega siempre Kawabata, entre lo real y lo imaginado, lo on\u00edrico y lo material<\/strong>. Ese componente alqu\u00edmico con el que se construye y deshace la memoria.<\/p>\n<p><strong>La anfitriona le da la espalda a Eguchi y \u00e9l tiene oportunidad de admirarla. Entonces dice:<\/strong><\/p>\n<p>No hab\u00eda nada extra\u00f1o en la espalda que daba a Eguchi. No obstante, parec\u00eda extra\u00f1a. Hab\u00eda un p\u00e1jaro grande y raro en el nudo de su obi. Ignoraba de qu\u00e9 especie era. \u00bfPor qu\u00e9 habr\u00edan puesto ojos y patas tan reales en un p\u00e1jaro estilizado? No era que el ave fuese inquietante por s\u00ed misma, solo que el dise\u00f1o no era bueno; pero si hab\u00eda que atribuir algo inquietante a la espalda de la mujer, se encontraba all\u00ed, en el p\u00e1jaro.<\/p>\n<p><strong>La imagen que delinea la literatura de Kawabata se oculta en esas grietas de sentido. En esos bocetos estilizados que parecen, y a menudo son, inacabados.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hay algo ominoso en la descripci\u00f3n de esa anfitriona<\/strong> que conduce a Eguchi puertas adentro. La palabra \u201cominoso\u201d es de Yukio Mishima, disc\u00edpulo y amigo de Kawabata.<\/p>\n<div id=\"attachment_1075088\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1075088\" src=\"https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/yasunari-kawabata_1968.jpg\" alt=\"Kawabata en 1968. \" width=\"654\" height=\"951\" srcset=\"https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/yasunari-kawabata_1968.jpg 654w, https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/yasunari-kawabata_1968-206x300.jpg 206w\" sizes=\"auto, (max-width: 654px) 100vw, 654px\"><\/p>\n<p><em>Kawabata en 1968.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<p>Yasunari Kawabata (1899-1972) vivi\u00f3 en una \u00e9poca de esplendor. La literatura japonesa de la primera mitad del siglo XX representa uno de los momentos m\u00e1s interesantes de la humanidad. <strong>Kawabata opera como faro de su generaci\u00f3n, se\u00f1alando autores y libros valiosos que, de otro modo, habr\u00edan pasado desapercibidos. Se suicid\u00f3 a los setenta y dos a\u00f1os<\/strong>. As\u00ed como durante la infancia debi\u00f3 sobrellevar la muerte de sus parientes m\u00e1s cercanos, de adulto le toc\u00f3 despedir a varios escritores amigos, como Riichi Yokomitsu, Rintaro Takeda o Kensaku Shimaki. Incluso fue el encargado de leer unas palabras en sus funerales, honrando el t\u00edtulo de experto en funerales que le hab\u00eda concedido un primo lejano al descubrir que nadie se mostraba tan genuinamente piadoso como \u00e9l ante la muerte.<\/p>\n<p>Comparto una sospecha: <strong><em>La casa de las bellas durmientes<\/em>\u00a0tiene que ver con la soledad y el tiempo que precede a las despedidas.<\/strong><\/p>\n<p>Fue publicada por entregas en la revista Shincho, entre enero de 1960 y noviembre de 1961. Los diecisiete episodios originales se transformaron en cinco cap\u00edtulos cuando alcanz\u00f3 la forma de libro en 1961. <strong>La estructura es s\u00f3lida y discurre con la l\u00f3gica irreprochable de la naturaleza: un cap\u00edtulo por cada una de las noches que Eguchi visita la casa y comparte la cama con la belleza.<\/strong> Esa experiencia tan cercana a \u201cdormir con un Buda secreto\u201d.<\/p>\n<p>Lo que Eguchi aprende pronto, en su primera visita a la posada, es que no se debe hacer preguntas. <strong>Cada pregunta que Eguchi calla es una duda que Kawabata deja resonando en la cabeza del lector.<\/strong><\/p>\n<p>Mishima divide las obras de un escritor entre aquellas que son de anverso o exterior, con su significado en la superficie; de las que son de reverso o interior, con un significado oculto. Las primeras son de budismo exot\u00e9rico, las segundas de budismo esot\u00e9rico. <em>La casa de las bellas durmien<\/em><em>tes<\/em><strong> es una obra esot\u00e9rica.<\/strong><\/p>\n<p><strong>La literatura de Kawabata es algo vivo, late como las olas y el viento<\/strong>. Avanzamos por sus p\u00e1ginas comprendiendo qu\u00e9 es lo que sucede, pero sin comprender el s\u00edmbolo.<\/p>\n<p>Todo arte es a la vez superficie y s\u00edmbolo, dijo Oscar Wilde. Los que buscan bajo la superficie, lo hacen a su propio riesgo. Los que intentan descifrar el s\u00edmbolo, lo hacen tambi\u00e9n a su propio riesgo.<\/p>\n<p><strong>La belleza a veces es inc\u00f3moda, siempre es enigm\u00e1tica. La belleza es el gran tema en la obra de Kawabata.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El primer contraste que presenta la posada es con el t\u00e9. Ya se sabe que el t\u00e9 y el zen son la misma aventura.<\/strong><\/p>\n<p>Hay una tetera de hierro sobre un brasero de bronce. Las hojas de t\u00e9 y la calidad de la infusi\u00f3n son asombrosamente buenas para el lugar. En ese momento nos enteramos de que la posada no vale gran cosa. No hay habitaciones en el piso superior y la planta baja es demasiado reducida para albergar hu\u00e9spedes. Mujeres hermosas en un escenario modesto. Ancianos con muchachas j\u00f3venes. Sue\u00f1o y vigilia.<\/p>\n<p>Como una flor de ginkgo explotando de belleza en las ruinas de Hiroshima.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-1075090 alignleft\" src=\"https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/durmientes-601x1024.jpg\" alt=\"durmientes\" width=\"601\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/durmientes-601x1024.jpg 601w, https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/durmientes-176x300.jpg 176w, https:\/\/storage.lacapitalmdp.com\/2026\/03\/durmientes.jpg 704w\" sizes=\"auto, (max-width: 601px) 100vw, 601px\"><\/p>\n<p>Rintaro Takeda, que cre\u00eda en la literatura comprometida al servicio de una causa justa, cuenta este episodio:<\/p>\n<p>Una mujer camina por la calle en un kimono hecho a medida cuando se encuentra con una lluvia intempestiva.<\/p>\n<p>Y este otro:<\/p>\n<p>Un d\u00eda de verano, en un barrio marginal cerca de Asakusa, en una casa inclinada con techo de chapa que da a un callej\u00f3n estrecho, un hombre semidesnudo cose un kimono. El lujo del kimono es tal que solo puede pertenecer a una geisha. La tela evoca el encanto de los tobillos de una mujer asomando debajo del dobladillo o la fragancia de su maquillaje. La transpiraci\u00f3n en la yema de los dedos de aquel hombre se ve tan negra como sus manos.<\/p>\n<p>De vez en cuando el viento pasa sobre la casa de las bellas durmientes, mientras el viejo Eguchi contempla la belleza. El anciano asiste con ese objetivo, es lo \u00fanico que tiene permitido: contemplar la belleza fr\u00e1gil que le recuerda su soledad te\u00f1ida de tristeza. Eguchi carga con el invierno dentro del cuerpo. Afuera de la posada, las olas rompen con violencia contra el acantilado, como si la posada estuviera construida en el borde mismo.<\/p>\n<p><strong>Todo en <em>La casa de las bellas durmientes<\/em> sucede en el borde mismo.<\/strong><\/p>\n<p>Eguchi, con setenta y siete a\u00f1os, ya perdi\u00f3 a muchos amigos y parientes.<\/p>\n<p>En el funeral de Riichi Yokomitsu, su compa\u00f1ero de aventuras literarias en tiempos de la Escuela de las Nuevas Sensaciones (shinkankaku-ha), que hab\u00edan fundado juntos, Kawabata dice:<\/p>\n<p>Llega finalmente la edad de entender la soledad, la mayor soledad es esta. Uno a uno dejan este mundo nuestros amigos, y no hay nada que podamos hacer para controlar nuestra vida, que de a poco se desvanece.<\/p>\n<p>El hombre que le recomend\u00f3 a Eguchi la casa de las bellas durmientes es tan viejo que ya dej\u00f3 de ser hombre.<strong> Eguchi, en cambio, todav\u00eda es capaz de sentir deseo, aunque lo acecha la muerte.<\/strong> Frente a la nostalgia por la juventud perdida, los recuerdos de Eguchi siguen siendo j\u00f3venes.<strong> La memoria es otro de los grandes temas de la literatura de Kawabata.<\/strong> El viejo Eguchi se pregunta si los recuerdos vivos son provocados por la juventud de la muchacha dormida mientras se acuesta a su lado y sue\u00f1a\u00bb.<\/p>\n<hr>\n<p><strong>Miguel Sardegna<\/strong> (Buenos Aires,1978) es abogado y doctor en Derecho. Public\u00f3 los libros de cuentos <strong><em>Horario de oficina<\/em><\/strong> (El 8vo loco, 2015) y <strong><em>Hojas que caen sobre otras hojas<\/em><\/strong> (Conejos, 2017), y la novela <strong><em>Los a\u00f1os tristes de Kawabata<\/em>\u00a0<\/strong>(Odelia, 2020), que obtuvo la Primera Menci\u00f3n en el Premio Clar\u00edn de Novela 2016, con un jurado integrado por Juan Jos\u00e9 Mill\u00e1s, Sylvia Iparraguirre y Leonardo Padura. Dirige la colecci\u00f3n de literatura japonesa de la editorial Tambi\u00e9n el caracol.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Cuando Yasunari Kawabata recibi\u00f3 el Premio Nobel de Literatura en 1968, se convirti\u00f3 en el primer autor japon\u00e9s en obtener esa distinci\u00f3n y en el faro de una generaci\u00f3n decisiva para la literatura del siglo XX. Entre sus textos m\u00e1s inquietantes, La casa de las bellas durmientes\u00a0ocupa un lugar singular. 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