{"id":14168,"date":"2026-01-06T00:01:34","date_gmt":"2026-01-06T00:01:34","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=14168"},"modified":"2026-01-06T00:01:34","modified_gmt":"2026-01-06T00:01:34","slug":"itinerarios-de-lectura-becquer-maestro-del-horror","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=14168","title":{"rendered":"Itinerarios de lectura: B\u00e9cquer, maestro del horror"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><em>Por Nomi Pendzik<\/em><\/p>\n<p><strong>A Gustavo Adolfo B\u00e9cquer (1836-1870) se lo conoce m\u00e1s por sus \u201cRimas\u201d<\/strong>; ustedes seguramente habr\u00e1n o\u00eddo alguna vez el famoso verso \u201cVolver\u00e1n las oscuras golondrinas\u2026\u201d. Yo lo descubr\u00ed a mis quince a\u00f1os, y am\u00e9 esos poemas. Tiempo despu\u00e9s, cuando mi profesora de Literatura Espa\u00f1ola lo mencion\u00f3 en su programa, dije, haci\u00e9ndome la superadita: \u201cUy, vamos a salir pegoteados de tanta melosidad\u201d. Ella replic\u00f3: \u201cEso est\u00e1 por verse\u201d. <strong>Y me dio una lecci\u00f3n, analizando los poemas \u201cmelifluos\u201d como reflexiones sobre la creaci\u00f3n art\u00edstica, y no s\u00f3lo como \u201cversitos de amor\u201d.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero la mejor lecci\u00f3n me la dio el mismo B\u00e9cquer, con sus \u201cLeyendas\u201d.<\/strong> <strong>En ellas descubr\u00ed a uno de los mejores escritores de horror.<\/strong> No s\u00f3lo por los temas \u2013la preeminencia de lo sobrenatural, el folclore, el amor fatal, la mujer demon\u00edaca\u2013, sino por las excepcionales descripciones que, con un lenguaje po\u00e9tico y preciso, nos hunden en tenebrosas atm\u00f3sferas. Sus relatos tienen una profundidad similar al del centelleo diab\u00f3lico de una mirada o al del enigm\u00e1tico brillo entrevisto en un estanque.<\/p>\n<p>Los invito entonces a adentrarnos en esas oscuras aguas.<\/p>\n<hr>\n<h3 style=\"text-align: center;\">\u201cEl Monte de las \u00c1nimas\u201d de Gustavo Adolfo B\u00e9cquer<\/h3>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>(versi\u00f3n abreviada).<\/em><\/p>\n<p>La noche de difuntos me despert\u00f3, a no s\u00e9 qu\u00e9 hora, el doble de las campanas; su ta\u00f1ido mon\u00f3tono y eterno me trajo a las mientes esta tradici\u00f3n que o\u00ed hace poco en Soria.<br \/>\nIntent\u00e9 dormir de nuevo; \u00a1imposible! Una vez aguijoneada, la imaginaci\u00f3n es un caballo que se desboca, y al que no sirve tirarle de la rienda.<br \/>\nYo la o\u00ed en el mismo lugar en que acaeci\u00f3, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza, con miedo cuando sent\u00eda crujir los cristales de mi balc\u00f3n, estremecidos por el aire fr\u00edo de la noche.<\/p>\n<p>\u00abEse monte que hoy llaman de las \u00c1nimas pertenec\u00eda a los Templarios, cuyo convento ves all\u00ed, a la margen del r\u00edo. Entre estos caballeros y los hidalgos de la ciudad estall\u00f3 un odio profundo. Fue una batalla espantosa. Desde entonces dicen que, cuando llega la noche de Difuntos, se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las \u00e1nimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacer\u00eda fant\u00e1stica por entre las bre\u00f1as y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos a\u00fallan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro d\u00eda se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las \u00c1nimas, y por eso he querido salir de \u00e9l antes que cierre la noche\u00bb.<\/p>\n<p>\u2014Hermosa prima \u2014exclam\u00f3 al fin Alonso\u2014, presiento que no tardar\u00e9 en perderte\u2026 Al separarnos, quisiera que llevases una memoria m\u00eda\u2026 \u00bfTe acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautiv\u00f3 tu atenci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 hermoso estar\u00eda sujetando un velo sobre tu oscura cabellera!<\/p>\n<p>\u2014En mi pa\u00eds, una prenda recibida compromete la voluntad. S\u00f3lo en un d\u00eda de ceremonia debe aceptarse un presente.<\/p>\n<p>\u2014Lo s\u00e9 prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo entre todos; hoy es d\u00eda de ceremonias y presentes. \u00bfAceptas el m\u00edo?<br \/>\nBeatriz se mordi\u00f3 ligeramente los labios y extendi\u00f3 la mano para tomar la joya, sin a\u00f1adir palabra.<\/p>\n<p>\u2014Y antes de que concluya el d\u00eda de Todos los Santos, en que as\u00ed como el tuyo se celebra el m\u00edo, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, \u00bfno lo har\u00e1s? \u2014dijo \u00e9l, clavando una mirada en la de su prima, que brill\u00f3 como un rel\u00e1mpago, iluminada por un pensamiento diab\u00f3lico.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no? \u2014exclam\u00f3 \u00e9sta, llev\u00e1ndose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre los pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro\u2026 Despu\u00e9s, con una infantil expresi\u00f3n de sentimiento, a\u00f1adi\u00f3\u2014: \u00bfTe acuerdas de la banda azul que llev\u00e9 hoy a la cacer\u00eda, y que por no s\u00e9 qu\u00e9 de su color me dijiste que era la divisa de tu alma? Se ha perdido, y pensaba dej\u00e1rtela como recuerdo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Se ha perdido! \u00bfY d\u00f3nde?<\/p>\n<p>\u2014No s\u00e9\u2026; en el monte acaso.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1En el Monte de las \u00c1nimas! \u2014murmur\u00f3 palideciendo\u2014. Otra noche volar\u00eda por esa banda, y volar\u00eda gozoso como a una fiesta; esta noche\u2026, esta noche, \u00bfa qu\u00e9 ocultarlo?, tengo miedo.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Qu\u00e9 locura! \u00a1Ir ahora al monte por semejante friolera! \u00a1Una noche tan oscura, noche de Difuntos, y cuajado el camino de lobos!<br \/>\nAl decir esta \u00faltima frase, Beatriz la recarg\u00f3 de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga iron\u00eda; movido como por un resorte, se puso de pie, se pas\u00f3 la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza, y no en su coraz\u00f3n, y con voz firme exclam\u00f3, dirigi\u00e9ndose a la hermosa, que estaba inclinada sobre el hogar entreteni\u00e9ndose en revolver el fuego:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Adi\u00f3s Beatriz, adi\u00f3s! Hasta\u2026 pronto.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Alonso, Alonso! \u2014dijo \u00e9sta, volvi\u00e9ndose con rapidez; pero cuando quiso, o aparent\u00f3 querer, detenerle, el joven hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>Beatriz se retir\u00f3 a su oratorio. Alonso no volv\u00eda.<\/p>\n<p>Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oy\u00f3 entre sue\u00f1os las vibraciones de la campana, lentas, sordas, trist\u00edsimas, y entreabri\u00f3 los ojos. Cre\u00eda haber o\u00eddo, a par de ellas, pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz apagada y doliente. El viento gem\u00eda en los vidrios de la ventana.<\/p>\n<p>\u2014Ser\u00e1 el viento \u2014dijo; y poni\u00e9ndose la mano sobre el coraz\u00f3n procur\u00f3 tranquilizarse. Pero su coraz\u00f3n lat\u00eda cada vez con m\u00e1s violencia. Todas las puertas que daban paso a su habitaci\u00f3n iban sonando por su orden; \u00e9stas con un ruido sordo y suave; aqu\u00e9llas con un lamento largo y crispador. Despu\u00e9s, silencio; un silencio lleno de rumores extra\u00f1os, el silencio de la media noche, con un murmullo mon\u00f3tono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi no se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximaci\u00f3n se nota, no obstante, en la oscuridad.<\/p>\n<p>Beatriz, inm\u00f3vil, temblorosa, adelant\u00f3 la cabeza fuera de las cortinillas y escuch\u00f3 un momento. O\u00eda mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar; nada, silencio.<\/p>\n<p>Ve\u00eda, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se mov\u00edan en todas direcciones; y cuando, dilat\u00e1ndose, las fijaba en un punto, nada; oscuridad, las sombras impenetrables.<\/p>\n<p>Y cerrando los ojos intent\u00f3 dormir\u2026; pero en vano hab\u00eda hecho un esfuerzo sobre s\u00ed misma. Pronto volvi\u00f3 a incorporarse, m\u00e1s p\u00e1lida, m\u00e1s inquieta, m\u00e1s aterrada. Ya no era una ilusi\u00f3n: las colgaduras de brocado de la puerta hab\u00edan rozado al separarse y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su comp\u00e1s se o\u00eda crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movi\u00f3 el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanz\u00f3 un grito agudo, y arrebuj\u00e1ndose en la ropa que la cubr\u00eda escondi\u00f3 la cabeza y contuvo el aliento.<\/p>\n<p>El aire azotaba los vidrios del balc\u00f3n; el agua de la fuente lejana ca\u00eda y ca\u00eda con un rumor eterno y mon\u00f3tono; los ladridos de los perros se dilataban en las r\u00e1fagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblaban tristemente por las \u00e1nimas de los difuntos.<\/p>\n<p>As\u00ed pas\u00f3 una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareci\u00f3 eterna a Beatriz. Al fin despunt\u00f3 la aurora; vuelta de su temor, entreabri\u00f3 los ojos a los primeros rayos de la luz. Despu\u00e9s de una noche de insomnio y de terrores, \u00a1es tan hermosa la luz clara y blanca del d\u00eda! Separ\u00f3 las cortinas de seda del lecho, y ya se dispon\u00eda a re\u00edrse de sus temores pasados cuando de repente un sudor fr\u00edo cubri\u00f3 su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal decolor\u00f3 sus mejillas: sobre el reclinatorio hab\u00eda visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.<\/p>\n<p>Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primog\u00e9nito de Alcudiel, que a la ma\u00f1ana hab\u00eda aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las \u00c1nimas, la encontraron inm\u00f3vil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de \u00e9bano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, r\u00edgidos los miembros: muerta, \u00a1muerta de horror!<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>Un cazador extraviado asegura que vio a los esqueletos de los antiguos Templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla, levantarse al punto de la oraci\u00f3n con un estr\u00e9pito horrible, y caballeros sobre osamentas de corceles perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, p\u00e1lida y desmelenada que, con los pies desnudos y sangrientos y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por Nomi Pendzik A Gustavo Adolfo B\u00e9cquer (1836-1870) se lo conoce m\u00e1s por sus \u201cRimas\u201d; ustedes seguramente habr\u00e1n o\u00eddo alguna vez el famoso verso \u201cVolver\u00e1n las oscuras golondrinas\u2026\u201d. 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