{"id":14036,"date":"2025-12-31T00:00:25","date_gmt":"2025-12-31T00:00:25","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=14036"},"modified":"2025-12-31T00:00:25","modified_gmt":"2025-12-31T00:00:25","slug":"entretextos-no-se-juega-con-la-comida-de-marcelo-villafane","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=14036","title":{"rendered":"Entretextos: \u201cNo se juega con la comida\u201d de Marcelo Villafa\u00f1e"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><em><strong>Por Marcelo Villafa\u00f1e (*)<\/strong><\/em><\/p>\n<p>En medio de la oscuridad de la pieza, el Juli\u00e1n no pod\u00eda dejar de pensar en la Pancha. Imposible volver a dormirse, pobre chanchita.<\/p>\n<p>Y eso que mam\u00e1 dec\u00eda que los chicos de siete a\u00f1os tienen que dormir por lo menos ocho horas o m\u00e1s.<\/p>\n<p>El sol segu\u00eda oculto, pero las paredes ya rezongaban por el agua hirviendo de la caldera, que como un coraz\u00f3n de hierro anegaba las burbujeantes ca\u00f1er\u00edas. Se levant\u00f3 de la cama, y despu\u00e9s de hacer pis se mand\u00f3 al comedor, se trep\u00f3 sobre una silla y estir\u00f3 el brazo encima de la heladera para robarse las \u00faltimas rebanadas de pan con chicharr\u00f3n: la especialidad de mam\u00e1.<\/p>\n<p>De nuevo en la pieza, se calz\u00f3 las bombachas de gaucho y las zapatillas con abrojos. Se abrig\u00f3 y sali\u00f3 a la galer\u00eda, donde los ganchos ondeaban desde el alambre del tendedero. Sobre la mesa, varios cuchillos y una chaira reluc\u00edan impacientes. Pobre chanchita.<\/p>\n<p>Mir\u00f3 hacia el patio, el escenario de la carneada: la cadena rodeando el tronco, el aparejo enganchado y las sogas gruesas, el carret\u00f3n y el balde; y un par de perros \u2014Barbucho y Cachafaz \u2014echados sobre la hojarasca seca.<\/p>\n<p>La peonada se acerc\u00f3 a dar una mano. Prendieron fuego bajo el caldero de hierro. Y a un costado, entre las brasas, una pava cubierta de holl\u00edn dio paso a unos mates. Otros prefirieron milonguear guitarra en mano al calor de unas ginebras.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n nunca hab\u00eda imaginado este final para la chancha. Fantaseaba pensando que su cari\u00f1o, por s\u00ed solo, la proteger\u00eda de la muerte. Cosas de chicos.<\/p>\n<p>Esa amistad se hab\u00eda escrito hac\u00eda tiempo, cuando Pancha med\u00eda apenas lo que mide un cuis: en la paridera donde hab\u00eda nacido se pas\u00f3 la noche apretada contra las ancas de la madre. Despu\u00e9s de eso le costaba el tranco, y siempre llegaba tarde a alguna teta libre. El pap\u00e1 de Juli\u00e1n \u2013paisano instruido en estos temas\u2013, apart\u00f3 a Pancha de los dem\u00e1s lechones. Y as\u00ed Juli\u00e1n, con un biber\u00f3n de leche tibia, la alimentaba mientras le acariciaba la franja negra que le cruzaba la blancura del lomo.<\/p>\n<p>\u2014Ay, m\u2019hijo\u2026 \u2014le dijo pap\u00e1 anoche, tras arroparlo\u2014. Qui\u00e9n me lo manda a ust\u00e9 a encari\u00f1arse con un animal que ni siquiera es suyo.<\/p>\n<p>Y algo de raz\u00f3n ten\u00edan esas palabras: la chancha no era de ellos, sino del patr\u00f3n. Aunque la Pancha era como Barbucho y Cachafaz, que reconoc\u00edan a un solo due\u00f1o. Si hasta respond\u00eda a los silbidos de Juli\u00e1n y disfrutaba pasearlo a lomo por la ensenada de los caballos. As\u00ed de mansita y pancha era la chancha Pancha.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n trep\u00f3 el para\u00edso hasta llegar a la copa, y desde ah\u00ed se puso a espiar. Los peones ven\u00edan de a pie arreando a la Pancha por el bajo. Una soga le cinchaba el cogote, y ella tranqueaba encaprichada arrastrando la gordura. Cada tanto, se deten\u00eda a relucir las ma\u00f1as; pero entre gritos y revoleos de poncho la peonada consegu\u00eda que diera unos cuantos pasos m\u00e1s, y volv\u00eda a detenerse. Juli\u00e1n quer\u00eda silbarle para que\u2026 Bueno, no sab\u00eda en verdad para qu\u00e9. Lo que s\u00ed, con toda seguridad ese silbido la guiar\u00eda a la matanza. Entonces prefiri\u00f3 el silencio.<\/p>\n<p>Cuando lograron traerla, una manea se le enrosc\u00f3 entre las patas traseras como una yarar\u00e1. La engancharon del aparejo, y los peones se prendieron de la soga y a la cuenta de tres la izaron. Los alaridos de Pancha se multiplicaban en agudos ecos en cada rinc\u00f3n, y en la garganta de Juli\u00e1n se enquist\u00f3 un remolino amargo.<\/p>\n<p>El pap\u00e1 se arrim\u00f3 a la chancha, pobrecita. Y ah\u00ed la Pancha dej\u00f3 de chillar. Y Juli\u00e1n se agarr\u00f3 lo m\u00e1s que pudo del tronco del para\u00edso en que estaba apostado. El trino de gorriones tambi\u00e9n se amans\u00f3, y los perros levantaron las orejas, pero presintiendo. Entonces pap\u00e1 desenvain\u00f3 el fac\u00f3n, sin voltear la mirada, para no encontrarse con ese par de ojos, los del hijo, que desde el \u00e1rbol observaban el ritual. Apoy\u00f3 la rodilla en la tierra, hizo una pausa sin tiempo. Era baquiano pal\u2019 cuchillo, lo hab\u00eda hecho mil veces: sab\u00eda que ten\u00eda que aprietar el pu\u00f1o con juerza y entrar por el cogote abriendo la carne hasta atravesar el coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La Pancha lo miraba fijo, no pesta\u00f1eaba. No parec\u00eda tener miedo: lo conoc\u00eda. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 se le estar\u00eda cruzando por la mente. \u00bfSe dar\u00eda cuenta de que aquel hombre que le hab\u00eda salvado la vida cuando era una lechoncita m\u00e1s tierna que Babe, ahora estaba juntando coraje para hundirle el acero? Pero \u00e9l no permiti\u00f3 que la duda y los recuerdos lo ablandaran: de una estocada certera termin\u00f3 el trabajo, y Juli\u00e1n se cubri\u00f3 la cara queriendo atajar las l\u00e1grimas.<br \/>\nLa sangre ca\u00eda de a chorros, y Barbucho, en un intento por meter el hocico, recibi\u00f3 un planazo con la cuchilla de un pe\u00f3n, que r\u00e1pidamente se acerc\u00f3 a colocar el balde para juntar la sangre:<\/p>\n<p>\u2014Buena morcilla \u2014dijo, mientras revolv\u00eda los grumos rojos.<\/p>\n<p>Pap\u00e1 no dijo nada. Dej\u00f3 caer el fac\u00f3n ensangrentado y se apart\u00f3. Del bolsillo de la camisa sac\u00f3 un tabaco, y lo fue fumando con pitadas largas, como si ese acto fuese a limpiarle la conciencia.<\/p>\n<p>Tras los \u00faltimos espasmos de la chancha, el carret\u00f3n se le acu\u00f1\u00f3 bajo el lomo y la fueron recostando despacito hasta dejarla postrada, sin vida.<\/p>\n<p>Desde la tranquera, Mam\u00e1 lo llam\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014A cambiarse, Juli, que se te hace tarde para ir al colegio.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n se barri\u00f3 las l\u00e1grimas con el rev\u00e9s de la manga y se baj\u00f3 del para\u00edso.<\/p>\n<p>Cargando la mochila subi\u00f3 al sulky, y con los otros gurises parti\u00f3 para la escuela. Se iba rumiando una amargura que se mezclaba con lo que mam\u00e1 le hab\u00eda dicho al despedirse: la promesa de que lo esperar\u00eda con una suculenta taza de mate cocido con leche y rebanadas de pan casero con chicharr\u00f3n. Chicharr\u00f3n calientito, reci\u00e9n hecho.<\/p>\n<hr>\n<p><strong>(*) Marcelo Villafa\u00f1e<\/strong> naci\u00f3 en 1979 en Arias, C\u00f3rdoba. Migr\u00f3 a Venado Tuerto, Santa Fe, para estudiar Analista en Computaci\u00f3n. Despu\u00e9s de recibirse, se qued\u00f3 a vivir en Venado y form\u00f3 una familia.<strong> La escritura siempre lo acompa\u00f1\u00f3, pero sin constancia. Reci\u00e9n en 2018 empez\u00f3 a escribir an\u00e9cdotas, vivencias que fue compartiendo en Facebook, y finalmente se encamin\u00f3 en el cuento.<\/strong> Tras retirarse del rugby en 2020, traslad\u00f3 al mundo literario esa pasi\u00f3n por jugar, y se lo tom\u00f3 en serio. Empez\u00f3 un taller de escritura en su ciudad, y los algoritmos de YouTube le presentaron el canal del Taller de Corte y Correcci\u00f3n, que comandan Marcelo di Marco y Nomi Pendzik. <strong>En el TCyC, trabaj\u00f3 su primera novela, que pronto ver\u00e1 la luz.<\/strong> Lector de cuentos y novelas de ficci\u00f3n, se divide el tiempo libre entre leer, escribir, entrenar a jugadores del Jockey Club y ser padre. <strong>Vivi\u00f3 su infancia en el campo, y de aquellos d\u00edas se inspir\u00f3 para escribir este cuento que narra la cotidiana convivencia con la muerte.<\/strong><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por Marcelo Villafa\u00f1e (*) En medio de la oscuridad de la pieza, el Juli\u00e1n no pod\u00eda dejar de pensar en la Pancha. Imposible volver a dormirse, pobre chanchita. Y eso que mam\u00e1 dec\u00eda que los chicos de siete a\u00f1os tienen que dormir por lo menos ocho horas o m\u00e1s. El sol segu\u00eda oculto, pero las [\u2026]<\/div>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"image","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","fifu_image_url":"","fifu_image_alt":"","footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-14036","post","type-post","status-publish","format-image","hentry","category-sociedad","post_format-post-format-image"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14036","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=14036"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/14036\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=14036"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=14036"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=14036"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}