{"id":11818,"date":"2025-10-15T12:04:23","date_gmt":"2025-10-15T12:04:23","guid":{"rendered":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=11818"},"modified":"2025-10-15T12:04:23","modified_gmt":"2025-10-15T12:04:23","slug":"entretextos-dormir-donde-nadie-mira-una-cronica-marplatense-de-carolina-favini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=11818","title":{"rendered":"Entretextos: \u201cDormir donde nadie mira\u201d,\u00a0una cr\u00f3nica marplatense\u00a0de Carolina Favini"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><em><strong>Por Carolina Favini (*)<\/strong><\/em><\/p>\n<p>Bajo del colectivo 522 en Olaz\u00e1bal casi Luro. La mochila colgando de un solo hombro, el celular en el bolsillo delantero del pantal\u00f3n, la tarjeta SUBE en una mano y, en la otra, el apunte impreso a \u00faltimo momento. Son casi las 8 de la ma\u00f1ana de un s\u00e1bado helado de junio y estoy llegando tarde a clase. Acomodo la mochila sobre la espalda y me apresuro a cruzar Olaz\u00e1bal con el sem\u00e1foro en verde y rumbo a la calle Funes. Siento la vibraci\u00f3n del celular e intento sacarlo sin detener la marcha. No me gusta llegar tarde, nunca me gust\u00f3. Es una compa\u00f1era que pregunta si me dorm\u00ed. Quiero contestarle, pero el fr\u00edo me entumece los dedos. Pienso en enviar un mensaje de voz cuando lo escucho. O lo veo. O ambas cosas al mismo tiempo.<\/p>\n<p><strong>Una silueta envuelta en una enorme frazada, sale de la v\u00eda que corta la avenida Luro entre Olaz\u00e1bal y Funes y mi coraz\u00f3n se paraliza.<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Cuidado, se\u00f1orita, que la zona se puso peligrosa \u2014advierte y reconozco esa voz.<\/p>\n<p>Miro la hora, 8:06. Me doy vuelta y \u00e9l sigue ah\u00ed. \u00bfLe pregunto o me voy a cursar? Seguro que ni me reconoci\u00f3, me digo a m\u00ed misma y contin\u00fao. Un paso, dos, otro m\u00e1s, pero la sensaci\u00f3n de esos ojos a\u00fan posados sobre mi cuerpo me obliga a volver.<\/p>\n<p>\u2014Me pareci\u00f3 que eras vos \u2014le digo, deshaciendo el trayecto.<\/p>\n<p>Nos saludamos. Todav\u00eda envuelto en mantas, se despereza sent\u00e1ndose sobre un pilar de cemento h\u00famedo. Nos conocemos desde hace unos ocho a\u00f1os aproximadamente, pero prefiere permanecer en el anonimato para esta publicaci\u00f3n, por lo que no voy a ahondar en detalles. <strong>Solo dir\u00e9 que tenemos la misma edad y que \u00e9l ha perdido la cuenta de cu\u00e1ntos inviernos lleva durmiendo al aire libre.<\/strong><\/p>\n<p>Le pregunto c\u00f3mo est\u00e1 mientras froto mis manos contra el pantal\u00f3n para entrar en calor.<\/p>\n<p>\u2014Ac\u00e1 el fr\u00edo no se aguanta con ropa, sino con costumbre \u2014dice y el aliento le sale en peque\u00f1as nubes.<\/p>\n<p>Aviso por WhatsApp que ir\u00e9 directamente a la segunda hora y le propongo, a \u00e9l, acercarnos hasta la cafeter\u00eda de Luro y San Juan a buscar un caf\u00e9 o algo caliente.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEn serio? \u2014pregunta.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed. Hace mucho que no nos vemos y, de paso, zaf\u00e9 de una materia que es un embole. Me pide que lo espere. Lo veo adentrarse nuevamente en la v\u00eda. A un costado, entre las plantas que sobresalen del alambrado, asoma un colch\u00f3n. Se quita la frazada, la dobla, la enrolla y la ata antes de esconderla entre las ramas. Se saca la capucha, luego el gorro de lana, se peina con los dedos y vuelve a coloc\u00e1rselo. Solo entonces apura el paso hasta donde lo espero.<\/p>\n<p>Conversamos mientras caminamos. <strong>Le pregunto por el ni\u00f1o, hoy ya de dieciocho a\u00f1os, por quien lo conoc\u00ed.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u2014Se escap\u00f3 de la Primera<\/strong> (N. de R.: Comisar\u00eda Primera, ubicada en Av. Independencia N\u00b0 1751) y como al mes lo agarraron de nuevo. Debe estar en Bat\u00e1n \u2014dice encogiendo los hombros.<\/p>\n<p>Entramos al caf\u00e9 y todas las miradas se posan en nosotros. El silencio es inmediato. Saludo y pido la carta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfSe van a quedar ac\u00e1? \u2014pregunta el mozo con tono poco amable.<\/p>\n<p>Miro a mi compa\u00f1ero de desayuno y noto la bronca en sus ojos. Su aspecto lo se\u00f1ala, lo excluye, lo desiguala. Reitero el saludo y digo que primero vamos a elegir. El mozo se retira y, como si un im\u00e1n los atrajera, los cuatro empleados se agrupan en un rinc\u00f3n. Intentan disimular, pero \u00e9l y yo sabemos que nos observan. Tambi\u00e9n lo hacen los dos hombres en la mesa junto a la ventana de la calle San Juan, la pareja sentada al fondo del sal\u00f3n y los taxistas que toman mate apoyados contra la vidriera de la tienda Los Gallegos.<\/p>\n<p>Leemos la carta y elegimos: un caf\u00e9 con leche con tres medialunas para \u00e9l y un caf\u00e9 con dos, para m\u00ed. Hace demasiado fr\u00edo y no quiero sentarme en la calle, pero tampoco permanecer ante la mirada de quienes all\u00ed se encuentran. <strong>No me atrevo a preguntarle qu\u00e9 prefiere, pero \u00e9l se adelanta, como si leyese mi pensamiento, y me dice que mejor lo tomemos en la v\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p>\u2014Para llevar \u2014le indico al cajero.<\/p>\n<p>Mientras volvemos, habla de lo que acaba de pasar. Est\u00e1 enojado, aunque admite que no es nada nuevo. Relata diferentes situaciones: con \u201cgente bien\u201d, con pibes pasados de porquer\u00edas que se hacen los picantes, con la polic\u00eda. No tengo nada que agregar.<\/p>\n<p><strong>Muchas de las personas que duermen en la calle son marplatenses de toda la vida: expulsados del trabajo, de los alquileres, de sus redes familiares, del mism\u00edsimo sistema. Otros tantos, quedaron varados tras una temporada que no fue como esperaban y con la indigencia como \u00fanico horizonte.<\/strong><\/p>\n<p>En los hoteles del centro \u2013que en temporada alta cobran muy bien la noche\u2013 hay habitaciones que se alquilan por d\u00eda. Algunos \u201ctienen suerte\u201d y logran juntar lo suficiente para evitar el cart\u00f3n por unas horas. Otros se amontonan en pensiones sin servicios b\u00e1sicos ni preguntas.<\/p>\n<p>El Estado, cuando aparece, lo hace con dispositivos transitorios: paradores con horarios estrictos, cupos limitados y condiciones que muchos no pueden cumplir. Si ten\u00e9s perro, si est\u00e1s bajo los efectos de alguna sustancia, si no quer\u00e9s separarte de tu pareja, qued\u00e1s afuera. <strong>As\u00ed, la calle se convierte en el \u00faltimo refugio. Y en el m\u00e1s cruel.<\/strong><\/p>\n<p>Nos sentamos casi en el mismo lugar donde nos cruzamos. El fr\u00edo del cemento atraviesa el jean y tambi\u00e9n la calza que llevo debajo. \u00c9l, en cambio, parece ser inmune a ese choque de temperaturas. <strong>Por un momento, la calle se transforma en un peque\u00f1o living.<\/strong><\/p>\n<p>Frente a nosotros, la helader\u00eda y los comercios est\u00e1n cerrados. A la derecha, la gomer\u00eda sube sus persianas. En la esquina de Olaz\u00e1bal, varias personas esperan el colectivo.<\/p>\n<p>Lo veo meter la medialuna en el vaso pl\u00e1stico como si quisiera disolverla en el caf\u00e9 y comerla con avidez. Se da cuenta de que lo miro y ambos sonre\u00edmos. L<strong>e pregunto qu\u00e9 extra\u00f1a.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u2014Sentarme en una silla, la sobremesa, las carcajadas con la panza llena.<\/strong><\/p>\n<p>Sus manos, al igual que las m\u00edas, intentan absorber el calor del vaso.<\/p>\n<p><strong>\u2014El silencio, tambi\u00e9n \u2014agrega\u2014. El silencio de una casa porque la calle nunca se calla.<\/strong> Mir\u00e1 el quilombo que hay ahora y \u00bfqu\u00e9 hora es?, es re temprano \u2014hace un gesto de fastidio con el brazo, casi infantil, y contin\u00faa\u2014. De noche siempre hay un motor, una pelea, un grito, algo de lo que te ten\u00e9s que cuidar. Y a mi vieja bueno\u2026pero a ella la extra\u00f1o siempre. Van como veinticinco a\u00f1os que la perd\u00ed. Capaz si ahora ten\u00eda a mi viejita, hoy no estaba ac\u00e1. No, no s\u00e9 \u2014repite el gesto del brazo\u2014. Si la hice agarrar cada bronca tambi\u00e9n. Siempre me tir\u00f3 la calle, el barrio, hacer l\u00edo con los pibes y bueno, \u00bfviste c\u00f3mo es? Una cosa llev\u00f3 a la otra.<\/p>\n<p>El sonido de mi celular nos interrumpe. No tengo ganas de ir a cursar, pero me obligo. Me despido, le pido que se cuide y le digo que todos los s\u00e1bados paso por ah\u00ed a la misma hora. Me agradece y pide disculpas por si me asust\u00f3 al encontramos. Dice tambi\u00e9n que, si no es molestia, me acompa\u00f1a hasta la esquina y juntos empezamos a caminar.<\/p>\n<p>Mientras la ciudad balnearia espera la llegada de un nuevo verano, \u00e9l, como tantos otros, pasar\u00e1 otra noche m\u00e1s a la intemperie, durmiendo poco y mal, comiendo las sobras de una sociedad que lo margina, vistiendo ropa que otros descartan, utilizando lo que otros desechan.<\/p>\n<p><strong>\u2014Vos escrib\u00ed lo que quieras \u2014grita mientras me alejo\u2014 pero que sepan que ac\u00e1 seguimos, que nosotros tambi\u00e9n existimos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>En el fr\u00edo invierno marplatense <\/strong>que se mide en grados, pero tambi\u00e9n en la cantidad de miradas que no se detienen, en las ventanillas de los autos cerradas para evitar la culpa y en los discursos de los pol\u00edticos que creen que la ciudad hiberna y no que sufre,<strong> hoy sus derechos no existen<\/strong>. Tal vez haya cometido errores. Tal vez la sociedad se equivoc\u00f3 con \u00e9l. Pero hay algo que, claramente, est\u00e1 mal.<\/p>\n<hr>\n<p><em>(*)<strong> Carolina Favini<\/strong> (1983, Mar del Plata) es acompa\u00f1ante terap\u00e9utica y trabaja con ni\u00f1os y adolescente en situaci\u00f3n de vulnerabilidad. Realiz\u00f3 varios talleres de escritura creativa, entre ellos, el dictado por Evangelina Aguilera. Es autora de los libros de cuentos \u2018Correr el tel\u00f3n\u2019 (Gogol Ediciones, 2021), \u2018Diario de caza\u2019 (Gogol Ediciones, 2023) y la novela \u2018El mar en el que me hundo\u2019 (Vinciguerra, 2025). \u00a0\u00a0<\/em><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por Carolina Favini (*) Bajo del colectivo 522 en Olaz\u00e1bal casi Luro. La mochila colgando de un solo hombro, el celular en el bolsillo delantero del pantal\u00f3n, la tarjeta SUBE en una mano y, en la otra, el apunte impreso a \u00faltimo momento. 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