{"id":1047,"date":"2025-02-07T06:36:10","date_gmt":"2025-02-07T06:36:10","guid":{"rendered":"https:\/\/noticiasmdp.com\/fmdelsol\/2025\/02\/07\/el-fuego-de-la-tradicion\/"},"modified":"2025-02-07T06:36:10","modified_gmt":"2025-02-07T06:36:10","slug":"el-fuego-de-la-tradicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fmdelsol.com.ar\/?p=1047","title":{"rendered":"El fuego de la tradici\u00f3n"},"content":{"rendered":"<div>\n<p><strong><em>Por\u00a0Ramiro Campod\u00f3nico<\/em><\/strong><\/p>\n<p>El hombre de nuestro tiempo tantea en la penumbra buscando certezas, intentando asirse desesperadamente a algo que pueda otorgarle sentido y direcci\u00f3n a su vida. El oscurantismo posmoderno lo ha sumido en la ignorancia, priv\u00e1ndolo de conocer lo \u00fanico que realmente importa: el sentido de lo divino, la idea de trascendencia. Las civilizaciones tradicionales ofrecen respuesta a este tipo de dilemas de ra\u00edz existencial. Todas ellas orbitan alrededor de un centro espiritual trascendente e inmutable. Al estudiarlas encontramos atisbos de una Verdad absoluta; una que no est\u00e1 sujeta a las mudables ideolog\u00edas de la \u00e9poca, sino que ofrece al hombre su puro manantial para saciar su sed de infinito.<\/p>\n<p>A estas culturas fundadas en una Tradici\u00f3n Primordial le dedicaron sus estudios una serie de grandes autores, que hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX constituyeron una corriente de pensamiento de lectura imprescindible: la Escuela Tradicional, tambi\u00e9n conocida como Filosof\u00eda Perenne. Grandes pensadores como Ren\u00e9 Gu\u00e9non, Ananda Coomaraswamy, Julius Evola, y algo m\u00e1s adelante Frithjof Schuon, Titus Burckhardt y Mircea Eliade, formaron parte de esta corriente. Todos tienen en com\u00fan una acerba cr\u00edtica a la modernidad, entendiendo en ella una ruptura con la corriente espiritual que corr\u00eda por las venas de las civilizaciones tradicionales. Acerca de ellas reflexiona as\u00ed el fil\u00f3sofo y ensayista iran\u00ed Seyyed Hosein Nasr: \u201cQuiz\u00e1s la forma m\u00e1s directa de acercamiento al significado de lo sagrado es relacionarlo con lo Inmutable, con la Realidad que es el Motor Inm\u00f3vil y lo Eterno. (\u2026) La Tradici\u00f3n extiende la presencia de lo sagrado a todo un mundo, creando una civilizaci\u00f3n en la cual el sentido de lo sagrado es omnipresente. Se puede decir que la funci\u00f3n de una civilizaci\u00f3n tradicional no es otra que la creaci\u00f3n de un mundo dominado por lo sagrado\u201d.<\/p>\n<p>Cabe aqu\u00ed, para clarificar el verdadero concepto de Tradici\u00f3n al que se refiere Nasr, establecer la n\u00edtida diferencia que \u00e9ste tiene con la noci\u00f3n de \u201ccostumbre\u201d. Al respecto, el gran Ren\u00e9 Gu\u00e9non afirma lo siguiente: \u201cEn diversas ocasiones hemos denunciado la extra\u00f1a confusi\u00f3n que los modernos cometen casi constantemente entre tradici\u00f3n y costumbre; en efecto, nuestros contempor\u00e1neos, dan en buena gana el nombre de \u2018tradici\u00f3n\u2019 a toda suerte de cosas que no son en realidad m\u00e1s que simples costumbres, frecuentemente del todo insignificantes, y a veces de invenci\u00f3n completamente reciente: as\u00ed, basta que no importa qui\u00e9n haya instituido una fiesta profana cualquiera, para que \u00e9sta, al cabo de unos a\u00f1os, sea calificada de \u2018tradicional\u2019\u201d. Aqu\u00ed Gu\u00e9non diferencia claramente el tradicionalismo del simple costumbrismo. M\u00e1s adelante agrega esta radical afirmaci\u00f3n: \u201cLo que es menester comprender bien ante todo es esto: todo lo que es de orden tradicional implica esencialmente un elemento \u2018suprahumano\u2019; la costumbre, al contrario, es algo puramente humano, ya sea por degeneraci\u00f3n, ya sea desde su origen mismo\u201d.<\/p>\n<p>Esta idea de Tradici\u00f3n que expone Gu\u00e9non se opone radicalmente a los postulados de la modernidad, a la que el autor franc\u00e9s critica con dureza, se\u00f1alando en ella una desviaci\u00f3n y corrupci\u00f3n de los principios presentes en el sustrato espiritual de las civilizaciones. Ensoberbecido por el supersticioso mito moderno del progreso, el hombre construye sociedades que suponen una completa inversi\u00f3n de las tradicionales. La posmodernidad desprecia con arrogancia la sabidur\u00eda de los antiguos, la arcana Ciencia y el Culto Sagrado que conduce al hombre a Dios. Un desd\u00e9n que es incapaz de disimular ese rencor visceral que alberga la sociedad materialista de nuestro tiempo contra el cristianismo. S\u00f3lo hay espacio en ella para rendir culto supersticioso al dinero, al progreso y a la ciencia: la profana trinidad secular a la que rinde adoraci\u00f3n el materialismo dominante. Pero a pesar de que un humanismo sin Dios -profundamente deshumanizante- fue moldeando a la modernidad hasta llegar a esta absurda deriva posmoderna, nunca cesar\u00e1 de arder en el coraz\u00f3n del hombre su abrasadora sed de infinito. Mil y un caminos recorrer\u00e1 equivocadamente, pero s\u00f3lo uno le conducir\u00e1 al puro manantial que sea capaz de saciarla. Esa senda podr\u00e1 encontrarla siguiendo la sabidur\u00eda que permanece viva en la Tradici\u00f3n. No existe mayor desaf\u00edo a la inversi\u00f3n de todos los valores del Occidente posmoderno, que arraigar el alma a esa Santa Tradici\u00f3n. Nada puede ser m\u00e1s contracultural, en este tiempo signado por la banalidad y el vac\u00edo, que custodiar con celo esa llama sagrada. Como bien afirma Gustav Mahler: \u201cLa Tradici\u00f3n no es la adoraci\u00f3n de las cenizas, sino la preservaci\u00f3n del fuego\u201d.<\/p>\n<p>Siendo todav\u00eda un ni\u00f1o fue que comenc\u00e9 a tener conocimiento de la obra de autores como Ren\u00e9 Gu\u00e9non, junto a otros muchos de diversas ramas de lo que podemos denominar, de manera general, como lectura espiritual. Desde entonces, y despu\u00e9s de sucesivas lecturas, sent\u00ed una especial afinidad con la mirada guenoniana de la Tradici\u00f3n. Una proximidad a su pensamiento que no fue sino acrecent\u00e1ndose con el paso de las d\u00e9cadas. Es imposible, para quienes elegimos nutrir cierta mirada de la vida, no admirar su incisiva -y tan necesaria- cr\u00edtica a la modernidad. Aqu\u00ed se impone una reflexi\u00f3n que supone distinguir dos visiones completamente antag\u00f3nicas. Una aut\u00e9ntica divisoria de aguas en lo que hace a la concepci\u00f3n humana y universal. O tenemos una mirada horizontal e inmanente, o por el contrario una vertical y trascendente. O buscamos habitar la ciudad de Dios, o nos conformamos con el tedioso hedonismo que campea en la ciudad terrena, siguiendo la alegor\u00eda agustiniana. O somos mundanos o buscamos la contemplaci\u00f3n de Dios. O somos materialistas o somos espirituales. En \u00faltima instancia: o somos modernistas o somos tradicionalistas. Podemos a veces pendular en la pr\u00e1ctica entre ambas concepciones, pero existe una decisi\u00f3n interior que mueve los pasos en una u otra direcci\u00f3n. Hay personas que viven de acuerdo a principios tradicionalistas, pero no saben que lo son. Y esto se debe a que ha dejado de existir un h\u00e1bitat cultural relacionado con esta idea. Aqu\u00ed vale la pena volver a subrayar: el tradicionalismo del que hablamos nada tiene en com\u00fan con el conservadurismo o el costumbrismo.<\/p>\n<p>Asumir una mirada arraigada en la Tradici\u00f3n implica contemplar la omnipresencia de lo Sagrado en la vida, la existencia de una sabidur\u00eda perenne que no est\u00e1 sometida a vaivenes ideol\u00f3gicos. Conlleva la convicci\u00f3n de que existe un Dios, y que por lo tanto existe un alma; que no somos tan s\u00f3lo una ambulante bolsa de c\u00e9lulas. Implica saber que el hombre no es un dato irrelevante que naufraga en el vac\u00edo, sino que es un ser a imagen de Dios. Y que en \u00c9l ser\u00e1 divinizado. Supone comprender que hay una dimensi\u00f3n de eternidad -perenne, como se\u00f1ala el tradicionalismo- que atraviesa la historia. Supone saber que nuestra trinidad sagrada no es el dinero, el progreso y la ciencia. Porque esas deidades profanas son obra de los hombres, y tantas veces se acomodan a los intereses del mejor postor. Comprende que existe una Verdad absoluta, Primordial, que no depende de los caprichos humanos, sino de Dios. Sabe que en el Arte no importa el progreso, sino la Belleza. Entiende que no interesa la novedad, sino lo perdurable. Que los valores temporales son ef\u00edmeros, y que s\u00f3lo los eternos colman la sed que abrasa el alma. Bien sabe que el mito del progreso lineal de la historia es mera superstici\u00f3n. Comprende tambi\u00e9n que un humanismo sin Dios deshumaniza; que un racionalismo sin una Raz\u00f3n suprema acaba en la m\u00e1s absoluta irracionalidad; que una moral sin un Bien y una Verdad absolutos acaba no en la inmoralidad, sino en una moral invertida, defendida hoy por muchos puritanos. Quien posee una mirada tradicional sabe que en las grandes ciudades -construidas a partir de puertos para comerciar mercanc\u00edas- habitan una mayor\u00eda de modernistas convencidos; es decir materialistas, hedonistas y nihilistas. Sabe tambi\u00e9n que en el interior profundo habitan los verdaderos custodios de la Fe. Porque el hombre rural vive en contacto directo con la creaci\u00f3n divina. Y por lo tanto su natural disposici\u00f3n es de ra\u00edz contemplativa.<\/p>\n<p>El hombre tradicional tiene un esp\u00edritu robusto, aguerrido. Porque bien sabe que el alma guerrea cada d\u00eda, y que su campo de batalla no es otro que su propio coraz\u00f3n. Y por lo tanto tiene un concepto heroico de la vida, lejos de esa b\u00fasqueda permanente del placer que caracteriza al hombre mundano. Comprende que todas las culturas a lo largo de la historia tuvieron un sentido de sacralidad, y que hoy mismo todav\u00eda existen en buena parte de Oriente. Es consciente de que existe un lenguaje m\u00edtico que se desentiende de la mente discursiva, e intuye el valor del s\u00edmbolo. Entiende que la llama de la Tradici\u00f3n Primordial se custodia y se traspasa a trav\u00e9s de generaciones. Sabe tambi\u00e9n que, dado el car\u00e1cter c\u00edclico de la historia, ciertos nuevos paradigmas nada tienen de nuevos. Que la disoluci\u00f3n moral llev\u00f3 a los imperios m\u00e1s poderosos a su extinci\u00f3n. Quien contempla el mundo con mirada tradicional no ve a la persona carente de Fe como enemiga. Tal vez porque es plenamente consciente de la divinidad latente que hay en su alma, estimaci\u00f3n que esa persona incr\u00e9dula probablemente no tenga de s\u00ed misma.<\/p>\n<p>El fundamento metaf\u00edsico que mueve la concepci\u00f3n de la Tradici\u00f3n es aquel que conduce al alma de lo alto hacia lo alto. En este tiempo signado por el cientificismo, el escepticismo -despojado de todo sentido trascendente-, con el prometeico delirio transhumanista asomando a la vuelta de la esquina, posicionarse desde una mirada Tradicional supone una actitud de ruptura, radicalmente contracultural. No est\u00e1 hecho para d\u00e9biles de esp\u00edritu ni para timoratos asumir esa mirada. Cultivarla supone ordenar los pensamientos hacia las cosas celestiales, como dice San Pablo. Y eso s\u00f3lo est\u00e1 destinado a los corazones aguerridos. A aquellos que se hacen fuertes en Dios.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div>Por\u00a0Ramiro Campod\u00f3nico El hombre de nuestro tiempo tantea en la penumbra buscando certezas, intentando asirse desesperadamente a algo que pueda otorgarle sentido y direcci\u00f3n a su vida. 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